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DEJARTE IR

Estaba despierto y te soñé. Cerré los ojos y te encontré ahí. Estabas parado frente a mí. Me mirabas fijamente con tranquilidad. Te devolví la mirada y una enorme sensación de serenidad invadió mi cuerpo. El ambiente estaba cargado de una extraña armonía. No podía dejar de sostenerte la mirada. Confusamente, al mismo tiempo en que te sostenía la mirada, podía ver la manera en que nos mirábamos de forma externa, como si estuviera viendo un cuadro. Y entonces logré reconocerme como nunca lo había hecho pero siempre había querido hacerlo: relajado, alegre, travieso, dispuesto y entregado. Me sentí feliz con lo que vi, conmigo mismo. Me gusta pensar que me estaba viendo de la forma en que tú me has visto. Si es así como me proyecto ante ti, me gusta porque corresponde perfectamente a lo que yo veo en ti.

Se oía el mar pero a nuestro alrededor sólo había una intensa blancura que daba paz y tranquilidad. Nos sonreímos. Nos abrazamos. Nos recordamos. Por un brevísimo instante nuestro tiempo y espacio eran los mismos. Aquí y ahora. Tú y yo. Juntos. Un once -11- perfecto. Deseé que el tiempo se detuviera y nos volviéramos parte de la eternidad.

Pero abrí los ojos y tú no estabas cerca. Volví a cerrar mis ojos con más fuerza. Tú mirada y tu presencia estaban intactas. Tenía miedo de volver abrir mis ojos y reencontrarme con la realidad. Pero los volví a abrir y me encontré en soledad. Entonces comprendí que debía dejarte ir. Que la historia que habíamos escrito juntos ya tenía un punto final, pero que siempre seguiría siendo parte de mí, de ti, de nosotros… hasta la eternidad.

Una vez más cerré los ojos y ahí estabas tú. Con tu extraordinaria sonrisa y tu mirada infinita. En mi interior se intensificó esa conexión que sentí contigo desde el primer momento en que nos conocimos. Supe que sin importar que en la “realidad” no compartiéramos el mismo espacio ni el mismo tiempo, estábamos juntos y más cerca que nunca. Era el momento de dejarte ir.

No tuve que pronunciar una sola palabra pero me hiciste saber que habías recibido todo lo que necesitaba darte. Nos agradecimos el tiempo compartido y nos perdonamos por habernos conocido a destiempo. Nos fundimos en un abrazo lleno luz y amor… Te vi partir y pude desearte toda la felicidad del mundo. Deseé que a tu camino llegara alguien que te amara tanto como yo lo hago pero que pudiera caminar a tu lado. Deseé tu plenitud.

Abrí los ojos. Estaba solo pero tranquilo. Sin ti pero conmigo. Me sentí feliz. Volví a cerrar los ojos y encontré el destino…

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