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El amor en los tiempos del Tinder

Vivimos en una época en la que la tecnología nos ha rebasado en muchos sentidos. Esto ha hecho que nuestras formas de relacionarnos socialmente cambien. Las relaciones personales cada día se vuelven menos personales y más cibernéticas. Ahora uno está conectado en segundos con cualquier lugar del mundo: podemos convivir en tiempo real con alguien que vive en el otro extremo del planeta.

Estos cambios no han dejado de lado al amor. De unos años para acá han surgido diferentes aplicaciones (tinder, grindr, match genie, matchmaker, tinderella, etc.) cuya finalidad es ayudarnos a encontrar a la pareja perfecta. De primera instancia el concepto me parece maravilloso: a partir algunos datos personales y unos fotos; uno encuentra gente cercana con los mismos intereses para conocer. Además nos da la posibilidad de likear o rechazar a los individuos en cuestión. ¡Qué loco! Un casting amoroso a la palma de nuestra mano (literalmente).

Toda esta situación tan postmoderna para encontrar el amor no podría estar exenta de asegunes. Algo tan chido como enamorarse no puede ser tan fácil. Debo confesar que aunque he sido usuario de este tipo de aplicaciones (y he conocido grandes personas por éstas), sigo desconfiando muchísimos de estas formas para encontrar el amor. ¿Cómo saber que lo que te dicen es verdadero? Yo mismo tengo un alias cuando uso estas aplicaciones para no dar mi verdadera identidad. Si yo miento, por qué los demás no habrían de hacerlo. Entiendo que muchas de estas “mentiras” las decimos por seguridad en un principio y para quedar mejor parados en segundo lugar (o de verdad creen que todos pesan y miden lo que dicen? jaja). Una relación que empieza con mentiras  (por muy blancas que éstas sean) está destinada a fracasar. Siempre una mentira llevará a otra o será motivo suficiente para desconfiar de la otra persona. ¿Neta queremos eso en una relación?

Pero mi principal problema con este tipo de relaciones es el origen de la historia de amor. Sí, soy un cursi (qué puedo hacer, crecí viendo las películas de Julia Roberts) y salvo que seas Meg Ryan en 1998 da mucho oso decir que conociste a tu pareja por internet, bueno al menos a mí sí me da. ¿Qué de romántico tiene eso? NADA. A finales de los 90 cuando el internet no era tan accesible era romántico, lo acepto. Pero ahora está bastante desgastado . No juzgo el amor que ha sido fruto del Tinder, yo mismo viví mi mejor relación gracias a estas aplicaciones, pero cuando la gente hace la inevitable pregunta “y ¿cómo se conocieron?” a mí siempre me encantaría contar una historia digna de chic flick protagonizado por Patick Dempsey y con estas aplicaciones no puedo. Además, la gente siempre desacredita tu relación cuando dices que se conocieron por Tinder, ¿a poco no?

En fin, en estos tiempos donde los encuentros efímeros se promueven hasta en la sopa y el título de “el amor de mi vida” tiene una duración más corta que la de “empleado del mes”; no me sorprende verme solo y con bastante resistencia hacia iniciar una relación amorosa. De cualquier forma, no pierdo la esperanza de que de perdida me suceda igual que a Juvenal Urbino el protagonista de la novela de Gabriel García Márquez -a la cual el título de esta entrada hace referencia- y aunque sea al final de mi vida logre vivir mis últimos días con el amor de mi vida.

2 comentarios en “El amor en los tiempos del Tinder”

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