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Generación Chuleta

A las personas que nacimos entre 1981 y 1995 nos conocen como la generación Millenials. Según diversos estudios sociales somos la generación que creció bajo la prosperidad económica (como consecuencia de haber sido los hijos de la llamada generación del Baby boom); la generación del MTV con videos musicales; somos personas ególatras, en busca de placeres instantáneos y nuestras satisfacciones generalmente son esporádicas; entre muchos defectos más. Pero no todo es negativo en las personas de esta generación, también somos personas en busca de una mejor preparación académica (la mayoría de nosotros contamos con un título universitario y pensamos realizar estudios de posgrado si es que aún no contamos con ellos), tenemos grandes ideales para hacer del mundo un mejor lugar, y somos la generación que creció usando tanto las viejas como las nuevas tecnologías por lo que sabemos manejarnos en el mundo “antiguo” y el moderno.

Creo que estos estudios tienen algo -o mucho, probablemente- de razón. Yo, como parte de la generación Millenials, estoy de acuerdo en muchos de los aspectos en que nos describen pero hay otros con los que no concuerdo del todo. En 15 años que abarca esta generación, es imposible que todos estemos cortados con la misma tijera pues bilógica, social y culturalmente vivimos momentos distintos. Yo por eso digo que los millenials estamos conformados por dos subcategorías: los generación chuleta y los generación desmadre. Los generación chuleta somos los que nacimos entre el 81 y el 88; del 89 al 95 son la generación desmadre, los que se preocupan más por vivir el momento que construirse un futuro, pero como yo no pertenezco a esa subcategoría, no puedo dar más que mis percepciones generales.

De la que sí formo parte y entiendo es la generación chuleta y la intentaré explicar. ¿Por qué le digo generación chuleta? Porque somos los chavos que trabajamos por un cheque para poder vivir bien; es decir, somos los que perseguimos la chuleta. A nosotros nuestros papás nos enseñaron a creer en nuestros sueños y la escuela a ser idealistas, por lo que crecimos pensando que con nuestro trabajo ideal cambiaríamos el mundo. Somos la consecuencia del flower power, del cine hollywoodense y la música de MTV. Sin embargo, la vida nos enseñó que para sobrevivir uno tiene primero que -como en la época de la prehistoria- perseguir la chuleta. Así que muchos tuvimos que ponerle “stand by” a nuestros sueños (que no es lo mismo que olvidarnos de ellos).

Suena bastante deprimente lo que acabo de escribir, pero no lo es tanto en la práctica. Ser parte de la generación chuleta me ha enseñado que la vida no es fácil, pero tampoco es tan difícil como nos han hecho creer. Sí, claro que esas frases inspiradoras de “lucha por tus sueños” me llegan y de hecho en muchas ocasiones les he tomado la palabra y he dejado todo por ellos; pero siempre la realidad me ha superado y me ha hecho entender las cosas de otra manera, de una mejor manera. Yo he aprendido que para disfrutar la vida, las cosas que me gustan hacer y realizar mis sueños primero hay que trabajar porque los sueños y los hobbies cuestan y el dinero no crece en los árboles.

Este texto que parece ser muy desalentador tiene toda la intensión de ser lo contrario. ¿Cómo? Explicando por qué es bueno ser parte de la generación chuleta. Primero porque el trabajo, cualquiera que éste sea, siempre dignifica al hombre. A mí me hace sentir útil y valorarme como individuo. Pero también me hace recordar qué tan grandes son mis sueños y qué tan disfrutables mis hobbies. Ya se que todos quisiéramos vivir de lo que más nos gusta, pero vivir de lo que nos gusta se puede volver muy agobiante y entonces le podemos llegar a perder el gusto a eso que amamos hacer. Los chuleta el trabajo lo vemos como lo que realmente es: una herramienta a nuestro favor. Somos responsables y buenos en lo que hacemos, pero tampoco nos lo tomamos tan apecho, sabemos que hay cosas muchos más importantes en la vida como pasar tiempo con la familia, los amigos y hacer lo que disfrutamos.

Para los sociólogos, nuestros padres, maestros y la generación después de la de nosotros somos simplemente una generación idealista, conformista e incluso mediocre pero yo me he dado cuenta que los chuleta somos la generación del cambio, la que está transformando el mundo porque somos los que en realidad sabemos qué es lo bueno de la vida.

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