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De Primeras Citas y otros Demonios

De las cosas más awkward de la vida son las primeras citas, ¿a poco no? Lo digo porque se conjuntan una serie de factores que vuelven la situación bastante peculiar: los nervios de ver qué puede pasar, el dilema de si me gusta la persona cómo hacérselo saber sin ser intenso, si no me gusta cómo le hago para que se de cuenta y no se sienta mal, de qué platicar, qué ponerme para verme bien sin parecer demasiado producido; etcétera, etcétera, etcétera…

Yo como buen intenso siento presión en la primera cita porque de ahí nacen mis expectativas a futuro sobre lo que pudiera pasar entre mi cita y yo. Claro que como yo llego dispuesto a examinar cualquier detalle de la persona en cuestión, pienso que ésta está haciendo lo mismo conmigo; así que ya pueden imaginarse la cantidad de estrés que vengo manejando en una primera cita (eso sí, siempre intento disimularlo). Con el tiempo me he dado cuenta que ir con expectativas a una primera cita es inevitable, lo importante es que al llegar a la cita las olvidemos y fluyamos con la situación que se vaya dando (yo no siempre lo consigo pero de que lo intento no hay duda).

Algo que me parece básico para que una primera cita fluya bien es la atracción física. Sí, parece algo obvio pero es algo que no siempre está presente. Yo he tenido citas con gente que no me gusta físicamente nada porque me invitan y me da pena decir no y es horrible. En esos casos siempre intento friendzonar a la persona en cuestión pero eso es también bastante incómodo y difícil de hacer. Mi táctica es aplicar la respuesta monosilábica (sí, no) y cuando la pregunta requiere una respuesta explicativa aplicar el “no se o no tengo idea” me ha librado del asunto. También me parece importante en estos casos pagar todos mis gastos para liberarme de cualquier sentimiento de deuda con la otra persona (este sentimiento siempre se huele y es el gancho para propiciar nuevos encuentros).

Si la atracción física no es un problema, la cosa se complica más para mí. Y es que cuando alguien me gusta, intento disimularlo “quesque” para verme muy cool y siempre termino cagándola de alguna manera. En mis intentos por volverme un galán digno de una chic-flick me vuelvo torpe e intenso; lo que se vuelve una combinación bastante catastrófica. Gracias a esto me ha pasado de todo: caídas, ataques de risa, cambios de nombre, etc. Lo padre de todo esto es que si la primera cita funciona y surge algo padre, ya tenemos alguna anécdota padre que contar sobre cómo nos conocimos.

Creo que la presión de la primera cita es un buen indicador para saber qué tanto pude funcionar una relación. Además el agobio que siempre trae consigo esta situación se olvida a los pocos minutos para dar paso o a la hueva o a la emoción de estar con alguien nuevo y padre. De cualquier forma, espero que pronto me llegue la última primer cita y encontrar a esa persona con la que compartir otras primeras y últimas cosas de la vida.

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