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El Dolor como Maestro

Desde que tengo memoria siempre le he huido al dolor. A nadie le gusta lo que le duele pero la vida duele: crecer, madurar, ganar, perder, trabajar, emprender, olvidar, recordar, amar… Todas esas cosas que implican vivir -de alguna forma u otra- vienen acompañadas de su dosis de dolor. También, desde que tengo uso de razón, el mundo y la sociedad me han dicho que el dolor es malo; que la felicidad nunca duele… Supongo que por eso siempre me ha costado trabajo ver con buenos ojos el dolor.

Últimamente me he dado cuenta que el dolor es algo inevitable. Por más que me le intento esconder, el dolor siempre me encuentra. A veces se me presenta en grandes dosis y otras tantas en pequeñas porciones. Sea como sea, en la dosis que se me presente, de la forma que sea a mí sigue sin gustarme el dolor. Pero cuando me di cuenta que por más que lo intente siempre habrá algo que me duela, supe que tenía que aprender a relacionarme con el dolor.

No es divertido ser amigo del dolor. El dolor siempre me confronta con mi realidad, con mis temores, con mi lado oscuro; con toda esa parte que habita en mí pero que no me gusta ver. Pero hacer como si las cosas no existieran no me ha funcionado para hacerlas desaparecer. ¿Cómo hacerme aliado del dolor? Suena difícil y masoquista, ¿no? Pero, gracias a las pláticas con mi terapeuta, he entendido que (por más masoquista que esto suene) sentir y vivir el dolor es necesario.

Hay un dicho muy sabio que resume la importancia del dolor y dice así: No pain, no gain (Sin dolor no hay ganancia). Usualmente este dicho se los dicen a los atletas para que soporten sus entrenamientos pero es aplicable para toda la vida. El dolor es necesario para ganar porque el dolor me ha mostrado también de lo que realmente estoy hecho, lo que es verdaderamente importante y lo que sinceramente estoy dispuesto a dar por las cosas.

Sí, no se siente padre estar en dolor. Pero últimamente que me he permitido sentir el dolor e integrarlo a mi vida (otra vez gracias a mi terapia) siento que estoy más abierto a la vida y que el dolor se ha vuelto mi maestro. ¿Cómo? El dolor me ha enseñado a ser más sensible, a ser más empático con el otro, a respetarme y respetar a los demás… El dolor me está enseñando a aprender a quererme como soy, a abrazar mis imperfecciones y disfrutar mucho más la luz que hay en mí.

No ha sido fácil ser alumno del dolor. Hay momentos en que me sobrepasa y quisiera no sentirlo, porque no entiendo lo que está queriendo que aprenda de él. Pero el dolor me recuerda no sólo lo que es el placer y la felicidad sino que estoy vivo. Cuando abrazamos el dolor y nos permitimos sentirlo y vivirlo sin prisas no se sufre, se entiende y aprendemos de él. Entonces crecemos, nos volvemos más fuertes y evolucionamos. Si decidimos sufrir el dolor, lo volvemos un vicio y nos convertimos en víctimas de nuestros miedos y apegos. Por eso es sabio el dicho que dice que “el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional“.

Toda esta reflexión se la debo a un pequeño video que me compartió mi terapeuta sobre el dolor, y aquí se los dejo con la esperanza de que les sirva tanto como a mí y pronto estén abrazando sus dolores sin miedo y con fe.

1 comentario en “El Dolor como Maestro”

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