amor, Dios, Religión

Dios es GRANDE y yo pequeño.

Las últimas semanas he estado meditando mucho mi relación con Dios. Tal vez es porque veo lo que pasa en el mundo y me me duele tanta indiferencia y necesito reencontrar la esperanza. Tal vez es que la habitual necesidad de respuestas sobre la vida se ha intensificado. Tal vez es que las respuestas de vida que he encontrado me parecen abrumadoras. Tal vez sólo sea que acaban de pasar los días “santos”… No lo sé, pero me gusta estar pensando en mi relación con Dios. Me da una tranquilidad inexplicable (incluso cuando no me responde lo que le pregunto).

Cuando veo un cielo forrado de estrellas no puedo no pensar que hay algo mucho más grande que yo, que tú, que la humanidad detrás de eso. La mano detrás de todo eso para mí es Dios o Alá, o Buda, o Yahvé (o el nombre que quieras, para mí no es importante eso).  Yo no creo en las religiones pero estoy seguro de la existencia de Dios. Sin embargo, no estoy en contra de ellas, y aunque mucho tiempo lo estuve, ahora me doy cuenta que el hecho de que para mí sea algo no necesario no quiere decir que para todos sea así.

Aprender esto es difícil porque me gustaría que todos vieran las cosas como yo las veo. Sin embargo, Dios -en su infinita inteligencia- ha encontrado una diversidad de maneras para manifestarse ante nosotros. Estoy seguro que está presente en la vida de todas las personas, incluso de aquellas que aparentemente no creen en su existencia. Para llegar a cada uno de nosotros escoge un camino y se transforma en la forma idónea para integrarse en nuestra vida. Dios, entonces, es la ciencia, el arte, el deporte, el amor, la religión, la naturaleza…

En el libro “Comer, Rezar, Amar” Elizabeth Gilbert engloba en una frase la forma en que yo he encontrado que Dios se relaciona conmigo: “Dios vive en ti como tú”. Mucho tiempo intenté encontrar a Dios en el mundo, en la naturaleza, en la religión, en la ciencia; y aunque veía rastros de Él en todas estas cosas; nunca logré encontrarlo con la claridad y fuerza  con que lo hice cuando decidí buscarlo en mi interior. En el momento en que volteé hacia mí, que me miré sin miedo ni expectativas, sin “lentes” que deformaran mi verdadero ser; en ese preciso instante, descubrí que Dios vivía dentro de mí.

Este descubrimiento es algo que ha cambiado mi vida. Me ha dado fuerza, esperanza y serenidad para enfrentar la vida. Me ayuda a entender y respetar lo que es diferente a mí, porque entiendo que Él también habita esas diferencias. He encontrado nuevas formas de sorprenderme ante la cotidianidad del día a día, porque he entendido que Dios está en los pequeños detalles de la vida. Pero sobre todo, me ha servido para aprender a valorarme y a sentirme seguro y a gusto con lo que soy; porque finalmente, si Dios está conmigo, no importa quién esté contra de mí.

Todavía tengo días en los que el humano que soy le gana al ser espiritual que pretendo ser y cometo errores de vida. Está bien, a pesar de que Dios vive en mí, su grandeza es demasiado para lo que pequeño que siempre seré comparado con él. Lo importante es que ahora que se que Él habita mi interior tal y como soy; lo único a lo que debo hacer es trabajar por ser la mejor versión de mí mismo porque sólo así puedo aspirar a entender mejor el mensaje de Dios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s