amor, vida

Amor sin etiquetas

Ayer -17 de mayo-  se celebró el Día Internacional de la Lucha contra la Homofobia. Para mí era importante escribir algo sobre esta lucha no sólo porque es algo que me atañe directamente por mi orientación sexual, sino porque es un tema que tiene que ver con un trasfondo mucho más profundo e importante como los son los derechos humanos y la igualdad social.

Hablar de un tema que me concierne de forma tan personal es difícil. Se me ocurren tantas ideas y me cuesta mucho trabajo aterrizarlas de la mejor manera. Mientras estaba intentándole dar forma a mis ideas sobre la importancia de erradicar la homofobia de nuestra sociedad, llegué al Facebook de un gran amigo que con motivo de esta “celebración” escribió algo que, además de ser muy bonito, expresa con mucha claridad y profundidad lo que para mí implica la lucha contra la homofobia. Aquí se los comparto:

Me acabo de enterar que hoy es el día internacional contra la homofobia, y aunque no soy activista por los derechos de los homosexuales y vivo una vida casi completamente normal, tengo que decir que me enorgullezco de quien soy. Pero mi orgullo va más allá de ser “gay”, me enorgullezco de haber tocado el corazón y la mente de muchas personas mostrándoles la importancia de una sociedad igualitaria, del significado de tolerancia y de que el amor no tiene nada que ver con el género de una persona. Espero que ese orgullo con el que camino y voy por la vida, que nada tiene que ver con mi orientación sexual, siga tocando gente, pero espero todavía con más fuerzas que todos a mi alrededor lo hagan también, no a favor de unos cuantos; sino a favor de todos a quienes esta sociedad discrimina o margina (eso incluye a esos peludos que no tienen voz propia y que son considerados “propiedades”), por que la igualdad no se trata de unos cuantos. La igualdad se trata de todos y cada uno de nosotros.

Me parece que la forma en que mi amigo Lalo ha hecho esta lucha una batalla personal en diferentes sentidos, es una manera muy certera e inteligente de pelear no sólo contra la discriminación sexual sino contra la ignorancia. No hay mejor manera de combatir la desigualdad social que abriendo nuestro corazón y aceptando que los demás son tan humanos como lo soy yo. Pienso que sólo así nos daremos cuenta que las personas somos mucho más que una preferencia sexual, un estrato socioeconómico, una nacionalidad o una profesión y que -como dice una canción- “al llegar el final todos somos igual por dentro”.

En este momento de la historia en la que el mundo está atravesando muchos cambios sociales, tecnológicos, ecológicos, etc.; es importante que le demos paso al amor sin etiquetas. Me parece vital que aprendamos a aceptar lo diferente desde el amor, que lo respetemos sin intentar entenderlo. Finalmente, creo que los seres humanos siempre actuamos movidos por la influencia del amor.

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