actitud, vida

Saltar al vacío

Hace un año, cuando estudiaba actuación, en mis clases de acrobacia tuvimos que saltar “al vacío” de espaldas hacia una colchoneta de unos 4 metros. Yo fui el más emocionado cuando el maestro -mi queridísimo Gordo- nos dio esa tarea. Subí la escalera lleno de valor pero al llegar a la parte más alta las dudas se apoderaron de mí. “¿Y si no caigo bien? ¿Qué voy a sentir? ¿Será seguro? ¿Qué van a pensar los demás de mí si a la hora del salto grito como miedoso? ¿Qué van a pensar si no salto? peor aún, ¿qué voy a pensar de mí mismo si no salto?” Al final, vencí mis dudas y me deje caer de espaldas desde esos 4 metros hacia la colchoneta. Lo que sentí es indescriptible: una mezcla de adrenalina, vértigo, emoción y felicidad. Después del primer salto, era imposible no seguir saltando… La sensación es adictiva.

Así como en mi clase de acrobacia saltar al vacío se volvió una especie de adicción, en la vida me ha pasado lo mismo. Me he dado cuenta que a mis 28 años (ya casi 29) los mejores momentos de mi vida, mis más grandes triunfos y los logros de los que más me siento orgulloso tiene un factor en común: todos se originaron a partir de un salto al vacío.

Saltar al vacío en la vida no ha sido fácil. Implica soltar lo conocido, dejar de lado el control y confiar en la sabiduría del destino. Cuando he saltado al vacío no siempre he caído con los dos pies al suelo y eso duele. Pero siempre por más mal que caiga en la vida cuando salto al vacío; sé que el simple hecho de tomar ese riesgo me hará crecer de alguna manera y eso es lo que, todas las veces, me da el valor de arriesgarme.

Hace un año -justo cuando mi salto al vacío en favor del teatro aterrizó de una forma estrepitosa- escribí una obra de teatro sobre un wey perdido en la vida por haber terminado una relación de amor de forma inesperada (una metáfora para retratar lo que me había pasado con el teatro, supongo) y la titulé “Y yo que pensaba saltar al vacío” porque ahí el personaje, en su depresión, quería literalmente saltar de la ventana de su cuarto a la nada. Con todo lo que estoy viviendo y con el tiempo de mi aliado, releyendo esa historia, me doy cuenta que es una especie de premonición de lo que vendría para mí más adelante, al nuevamente darme la oportunidad de brincar a la “nada”. Esta obra nunca ha visto la luz (sólo se la he enseñado a una persona para que la leyera y me diera su opinión) pero espero que pronto me pueda dar el tiempo para lograr que esa historia de un salto al vacío y caiga llena de vida a un escenario para que se vuelva premonición y/o medicina de otras personas como lo fue para mí el escribirla.

Mientras eso pasa, sigamos juntos sumergiéndonos en el misterio de la vida sin miedo, arriesgándonos a recorrer caminos desconocidos, nadando en nuevos mares, no dejemos de saltar al vacío…

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#100happydays #day45 I believe I can fly

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1 comentario en “Saltar al vacío”

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