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Dolores incompartibles 

Esta semana la distancia me venció una vez más, pero esta vez fue un golpe mucho más fuerte e inesperado. El miércoles desperté con una noticia muy triste. Mi mejor amiga, mi alma gemela y su familia-una familia que yo quiero como propia- se enfrentaba a una pérdida irreparable. Estando a miles de kilómetros de distancia, no pude estar con ellos como me hubiera gustado en una situación así.

¿Qué se hace en estos casos en los que estar de corazón no es suficiente? Eso me preguntaba cuando una amiga me dijo: “¿cómo cambiaría su dolor si tú estuvieras ahí?” Yo me molesté por su pregunta pensando que ella no tenía ni idea de lo que es la empatía y en mi enojo le contesté: “cambiaría que me podría compartir su dolor y así sería más llevadero”. Ella, muy tranquila y muy sabia, me contestó: “no te equivoques, el dolor es algo que nunca se puede compartir. Por más que quieras a tu amiga, nunca vas a poder experimentar sus dolores en la magnitud que ella los siente”.

Su respuesta me cayó como un balde de agua fría pero me hizo mucho sentido. Nunca podremos sentir el dolor de nadie más. El dolor -desafortunadamente- es algo personal e intransferible… Lo único que se puede hacer en los momentos de dolor, como me explicó mi amiga, es acompañar a quien los padece. Nos pueden doler las mismas cosas a muchas personas, pero nunca nos dolerán de la misma manera.

Mi amiga me contó que en Japón, cuando alguien padece un dolor emocional se acompaña a esta persona estando a su lado y llorando cuando la persona llora, riendo cuando ríe, en silencio cuando no se habla. La mejor forma de acompañar el dolor es estando… Entonces le pregunté a mi amiga “¿y cómo puedo yo, que estoy tan lejos, acompañar a mi amiga en su dolor?” “Estando”

En ese momento no entendí su sofisticada metáfora oriental. O mejor dicho, mi enojo me bloqueo. Pero el universo en su inmensa sabiduría, me dio la explicación que necesitaba a través de mi clase de yoga. Mientras meditábamos en la clase no podía dejar de pensar en mi amiga y su familia y comencé a llorar. La maestra se acercó a mí y me preguntó si estaba bien. Yo para no dar muchas explicaciones ni volverme el centro de atención sólo le dije que me sentía “homesick” y ella me dijo: “enfoca tu energía en la gente con la que quieres estar, el amor trasciende nuestro plano existencial y también lo que somos porque tú espíritu es el mismo espíritu del universo y de la gente que extrañas”. Cerré los ojos y me dejé llevar por lo que sentía.

Sigo pensando que no estuve como debí de haber estado pero también estoy seguro que mi amiga me sintió con ella de alguna manera porque nuestra conexión siempre ha sido más poderosa que las distancias. Y yo, nunca me he ido de tu lado… Estoy contigo, abrazándote con todo mi corazón. No tengo palabras de consuelo porque no me puedo imaginar lo que sientes y porque se que no funcionan cuando el dolor es tan grande. Pero quiero decirte que aquí estoy para cuando quieras y me necesites… Te amo.

2 comentarios en “Dolores incompartibles ”

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