filosofía, vida

El universo en la palma de mi mano

Esta semana he tenido la oportunidad de estudiar en mis clases un poco de la cultura aborigen de Australia. Para estos seres la naturaleza y cada uno de sus elementos tienen el mismo valor que la vida humana. Es más, se comunican con ellos como se comunican entre sí: le hablan al río y éste les contesta; igual con los árboles, el fuego, los animales… Y esto que -para la sociedad occidental de la que somos parte- resulta extraño (y hasta un poco loco) tiene una fundamentación milenaria y es tan real como cualquier verdad científica. Los aborígenes australianos no son los únicos que se relacionan de esta manera con el mundo, también lo hacen algunas tribus de esquimales en Alaska, muchísimas culturas indígenas en México, los budistas y culturas de muchas partes del mundo.

A mí me resulta muy interesante ver que culturas milenarias tan distantes geográficamente tengan puntos en común tan fuertes. Me genera mucha admiración la forma en que ellos abrazan y se dejan abrazar por la vida. Para ellos el gran espíritu que habita el Universo también nos habita a nosotros, a los elementos naturales, a las flores, a los animales. Cada una de nuestras células está conectada y habitada por esta gran energía. Por eso para ellos todo es posible, porque basta con pedir lo que necesitan para obtenerlo pues saben que eso que necesitan es parte de ellos. Claro que esto es mucho más complejo que desear y pedir. Uno debe verdaderamente querer lo que pide y creer en la fuerza del Universo para que esto llegue.

De la misma forma en que piden, estos sabios seres también dejan ir. Ellos entienden la vida de una forma distinta. No quieren poseer nada porque ya son parte de todo. Por eso saben querer sin ataduras y eso hace que conceptos tan dolorosos para nosotros como la muerte o el desapego, ellos los vivan de forma natural y orgánica. Para ellos la felicidad es fácil porque sólo consiste en aceptar y respetar lo que son y lo que los rodea. Cuando uno sabe vivir así, dejando ir y encontrando maestros en cada ser -humano, animal, río, planta,etc.-; entonces la felicidad deja de ser un estado que perseguir porque se vuelve un estilo de vida. Viviendo con el corazón abierto no hay lugar para el miedo, las dudas o el sufrimiento porque uno está aprehendiendo y aprendiendo del presente. Uno vive el aquí y el ahora en su más pura expresión.

Es impresionante la manera en que los grandes “avances” de la ciencia y tecnología nos han ido desconectando de nuestra esencia como seres humanos, haciéndonos olvidar lo importante que es estar en sintonía con la Madre Tierra y todos los seres que nos rodean. Si paráramos un momento, cerráramos los ojos, respiráramos, olvidándonos de todo el ruido que está a nuestro alrededor, dejando que el silencio nos habite… entonces, tal vez, podremos reconectar con la esencia de lo que verdaderamente somos, vernos en cada uno de los seres que nos rodean, abrazar la infinitud de nuestro ser y recordar lo poderosos que siempre hemos sido porque tenemos el universo en la palma de nuestras manos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s