actitud

Las puertas de la felicidad

Por fin llegó la primavera a Australia y la temperatura comenzó a subir. El fin de semana estuvo lleno de sol y pájaros multicolores surcando los cielos. Aprovechando el buen clima del sábado, uno de mis amiguitos del yoga me invitó a visitar el centro budista más grande del hemisferio sur y el mundo occidental, que casualmente se encuentra a las afueras del pueblito donde vivo y yo que me siento muy atraído por la filosofía budista desde hace mucho tiempo pa’ pronto le dije que sí.

A este templo budista se le conoce como The Great Stupa of Universal Compassion (La Gran Estupa de la Compasión Universal). Este centro aún está proceso de construcción pero ya puede ser visitado y funciona como monasterio para monjes de Australia y Nueva Zelanda dedicados a la práctica de esta “religión” (entrecomillo la palabra porque ellos no consideran el budismo una religión sino un estilo de vida). La estupa es un enorme edificio circular destinado a las prácticas budistas como la meditación y es el monumento más sagrado para los budistas ya que es una representación simbólica de la iluminación total y el camino para llegar a ésta.

Mi visita a la Gran Estupa de la Compasión Universal me gustó porque fue una manera de acercarme al mundo budista y aprender un poco de sus enseñanzas, además de que me permitió descubrir un lugar my bonito estéticamente y llenarme de paz por unos momentos, pero también porque me llegó un mensaje de vida que me tocó el corazón de una forma tan profunda, que quiero compartirlo por aquí.

Alrededor de esta estupa, en todos los niveles que tiene, hay muchas puertas. Todas las puertas dan al interior de la estupa y están ahí por una razón: cada una de ellas representa un camino hacia la felicidad, y hay tantas puertas porque cada uno puede acceder a la felicidad de distintas maneras y todas dan al interior del lugar porque la felicidad está dentro de nosotros. Al escuchar esta explicación, se me vino a la mente aquel famoso dicho que reza: “cuando una puerta se cierra, otra se abre”. Y ahí fue donde encontré el mensaje que el Universo me regaló en esta visita. Pro fin entendí con claridad que cuando me aferro a encontrar la felicidad únicamente detrás de una “puerta” pierdo la oportunidad de llegar a ella a través de otras maneras. La felicidad no es un camino, no es un destino… es una decisión. Hay que decidir abrir la puerta y entrarle de lleno a ella pero si la puerta no se abre, no hay que perder el tiempo tocando y tocando y tocando esperando a que se abra, hay que intentar de abrir la que está en seguida y así hasta encontrar una que se abra…y recordar que la felicidad no está afuera, sino adentro de cada uno de nosotros.

NAMASTÉ 😛

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