vida

Coleccionista de experiencias

Acabo de entregar un trabajo sobre lo estúpido que es invertir en un coche: se deprecia rapidísimo, el 90% del tiempo está estacionado, se le invierte mucho dinero en manutención, su uso promueve el desarrollo de enfermedades cardiovasculares y contamina como ningún otro vehículo motorizado. En fin, de eso no va esta entrada (yo ni coche tengo). Sin embargo, después de hacer este trabajo me quedé pensando en muchas cosas y en lo inteligente que ha sido mi decisión de no tener carro desde hace unos 6 años y de siempre invertir mis ahorros en experiencias en vez de pertenencias. Una decisión que mucha gente me ha criticado y que no entiende pero que creo que el tiempo me ha hecho ver que ha sido muy inteligente.

Desde que empecé a trabajar nunca ha faltado alguien que me diga cosas como: “cómprate un coche”, “cómprate ropa nueva, tienes la misma ropa desde hace años”,”¿Otro viaje? Mejor invierte en una propiedad”,”¿No te duele pagar tanto por un concierto?”,”Para qué gastas en un restaurante, mejor compra las cosas y hazlo tú”… Podría seguir enumerando las miles de frases que he escuchado sobre cómo debería ocupar mi dinero pero no tiene caso. Entiendo de dónde vienen esos comentarios y críticas porque desde que somos niños y vamos creciendo la sociedad (a través de la publicidad y otras herramientas) nos hace creer que quien tienen más vale más. Hemos crecido pensando que lo más preciado de la vida es tener un carro, una casa, ropa de marca, el teléfono más nuevo y por supuesto, mucho dinero. Pareciera que el valor de las personas depende del valor de sus pertenencias y en el camino olvidamos que son las experiencias que vamos acumulando las que no sólo nos construyen como personas sino que nos permiten experimentar el mundo.

Debo reconocer que a veces el consumismo se apodera de mí y se me antoja tener cosas que se que no necesito sólo porque están de moda (o por puro capricho). Afortunadamente en la mayoría de los casos he logrado superar los deseos del cerdo capitalista que vive en mí y he sabido invertir no sólo mi dinero sino también mi tiempo en experiencias que con el paso de los años han ido haciendo más grande mi colección de recuerdos. Y sí, reconozco que a veces me hace falta un coche para moverme con más “facilidad” de un lugar a otro; no tengo una casa propia y desde hace años tengo casi la misma ropa, pero esto no me pesa ni un poco porque se que cuando esté viejito voy a tener un chingo de fotos de lugares increíbles que he visitado, recuerdos de todos los sabores que he experimentado al comer todo tipo de comida, me dolerá el cuerpo de haber bailado hasta cansarme en los conciertos de mis bandas favoritas, mi cerebro estará atascado de historias que he leído en libros y visto en el teatro y el cine y mi corazón latirá cargado de felicidad… y eso, para mí, es la mejor inversión porque se que el día que me vaya de este plano existencial me iré cargado de todas esas experiencias que, aunque aparentemente parece que sólo fueron un instante, se quedaron en mi piel, mi historia y en quién soy por siempre…

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Why the #sky so high!!!

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