vida

La muerte no existe

Siempre he pensado que enterarte de la muerte de alguien es impactante. No importa si es alguien de 99 años o un bebé de unos meses, si es alguien cercano o una celebridad; la muerte siempre que se aparece cerca mueve cosas y genera sensaciones. Si nos ponemos a pensar un poco, la muerte siempre está a nuestro alrededor, especialmente entre nosotros los mexicanos que desde hace siglos la celebramos (y en épocas más recientes la sobrellevamos); es un proceso muy natural y sin embargo, no logramos acostumbrarnos a ella  Si la muerte es algo tan natural como el nacimiento, ¿por qué no la celebramos igual que la llegada de un bebé? Porque el nacimiento de un bebé nos da una sensación de posesión y la muerte nos recuerda que nada en esta vida nos pertenece pues implica soltar (tanto para quien se va como para los que se quedan).

Irónicamente, la muerte es la única certeza que poseemos: hacia ella vamos todos. Entonces, ¿por qué nos impresiona tanto? Supongo que tiene ver con la incertidumbre que provoca el no saber qué nos espera cuando ella nos alcance. Hay una frase que me gusta mucho y dice “la muerte está tan segura de su victoria, que nos da toda una vida de ventaja”. Esta frase me gusta porque me recuerda que no hay nada más importante que el aquí y el ahora. Pasamos tanto tiempo temiéndole a la muerte, tratando de esquivarla o maldiciéndola por aquellos que nos ha quitado que nos olvidamos de vivir, de disfrutar la oportunidad de vivir un día más y entonces, ahí es cuando la muerte sí da miedo: cuando no es ella quien nos abraza sino nosotros quienes la abrazamos. No hay peor muerte en esta vida que la que se da cuando dejamos de disfrutar el presente.

Nadie vive  la muerte de alguien de la misma forma que otra persona, e incluso me atrevería a decir que cada muerte que enfrentamos en la vida conlleva un proceso único. Vivir de cerca la muerte es muy doloroso pero es un proceso natural y por lo tanto, desde mi perspectiva, implica un aprendizaje. Para mí, cuando la muerte llega para decirnos que nos hemos graduado como maestros y nuestras enseñanzas deben continuar desde otro lugar. Estoy convencido que somos seres infinitos y que la muerte sólo es el final de nuestra etapa en este plano existencial, así que cuando alguien muere sólo se va de este mundo pero no de nuestro lado.

Entiendo que al experimentar la muerte de un ser querido de primera instancia pensemos que sería mucho mejor que siguiéramos aprendiéndos los unos de los otros en el mismo plano porque es una experiencia cargada de dolor; pero este plano esta lleno de límites y llega un momento en el que los conocimientos necesitan espacios mucho más grandes. Cuando dejamos de sufrir el dolor de la muerte y comenzamos a aprender a vivirlo, entonces nos damos cuenta que la muerte no existe porque como lo dicen las leyes de la física: la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma. Y a mí me gusta pensar a la muerte así: como una transformación a un estado de mayor espiritualidad y lleno de paz pero desde el que podemos seguir presentes en este mundo y transformándolo. Finalmente, el que nos llegue la muerte es la señal de que estuvimos VIVOS.

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