Australia, vida

El sueño de la vida

La semana pasada dentro de mi clase de Planeación del Patrimonio nos llevaron a unas “reservas” aborígenes como parte de una excursión para entender de primera mano la importancia de preservar el patrimonio natural y cómo éste tiene significados que van más allá de lo ecológico. Esta excursión fue guiada por una mujer con raíces aborígenes y para mí fue una experiencia muy enriquecedora porque no sólo pude conocer extraordinarios paisajes de la provincia australiana sino porque también puede aprender un poco de la cosmogonía y enseñanzas de los aborígenes australianos que me parecen llenas de sabiduría.

Para los aborígenes australianos la creación del Universo y el mundo se le conoce como el “Tiempo del sueño”. En ese tiempo espíritus milenarios se dieron a la tarea de crear todo lo que conocemos en el mundo: tierra, agua, fuego, viento, flora, fauna, sere humanos… Todos proviniendo del mismo origen (los espíritus) y por lo mismo, todos con la misma importancia para el equilibrio de la vida.

Estos espíritus le enseñaron a los humanos a pedir a la naturaleza lo necesario para sobrevivir. En la excursión pudimos ver que varios árboles tienen “cicatrices” por la forma en que los aborígenes extraen de ellos la madera: ellos no derriban los árboles, toman una parte de ellos y los resanan para que no se desangren y puedan seguir creciendo.  Aquí les dejo una foto:

Una vez que los espíritus de la creación vieron que los humanos estaban listos para sobrevivir, se transformaron en las formas naturales que crearon y ahora habitan en las plantas, rocas, ríos, montañas, animales… Por eso, los aborígenes tienen la creencia de que al morir, no dejamos de existir sino que regresamos al gran sueño tomamos del que nacimos y tomamos nuevas formas para regresar a este mundo a través de un ave, una roca, un río, etc. Algo muy hermoso fue que mientras caminábamos por la reserva, comenzó un pájaro a cantar muy bonito y nuestra guía dijo: “Es mi mamá, que siempre que vengo a este lugar me viene a saludar”. Ella nos contó que su mamá la vista en la forma de este pájaro (no recuerdo su nombre) y siempre que la necesita o va a visitar su reserva, encuentra o escucha a esta ave. Me gusta pensar que en la infinitud de la que estamos hechos, cuando dejamos este plano existencial tenemos la posibilidad de regresar a saludar y cuidar de los que siguen aquí en formas tan bellas como la de un ave, el sonido del viento o la espuma en las olas del mar.

En esta pequeña excursión me pude dar cuenta que no importa en quién o qué creamos porque como alguna vez lo dijo Shakespeare: “todos estamos hechos de la misma materia con la que se tejen los sueños”. La cultura aborigen tiene un proverbio que dice que todos somos visitantes en este tiempo y este lugar. Sólo estamos de paso. Nuestro propósito aquí es observar, aprender, crecer, amar… Y entonces, regresamos al hogar. Que reconfortante es saber que ese hogar del que venimos y al que regresaremos es un gran sueño porque -parafraseando a otro gran dramaturgo- finalmente “la vida es sueño y los sueños, sueños son” (Calderón de la Barca).

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