actitud, aprendizaje, Australia, crecimiento personal, Dolor, vida

Abriendo puertas cerradas

Hace unos días estuve chateando con una amiga con la que tenía muchos años sin platicar. La conversación fue muy buena y sirvió para ponernos al día de nuestra vida porque teníamos muchas cosas que contarnos. Ella quedó muy sorprendida al saber que ahora estoy estudiando en Australia y me preguntó qué había pasado con el teatro. Le conté mi versión de esa historia y ella fue muy comprensiva y empática con mi situación ahí pero al para concluir me dijo : “Al final, te hicieron un favor al correrte de tu escuela sino no estarías en Australia”. Y aunque eso me lo ha dicho muuucha gente que conoce mi historia (y todos me lo dicen con la mejor intención), cuando ella me lo dijo no lo tomé de la misma forma que otras veces y le contesté: “No, no me hicieron ningún favor en correrme y en definitiva no estoy en Australia gracias a eso. Estoy en Australia porque tuve la capacidad de darle la vuelta a la situación y encontrar otro camino para mí, pero eso no me borra el dolor que me provocaron y mucho menos me gustaría que los responsables de esa situación (o cualquier persona) pensaran que me hicieron un favor”.

Muchos en mi respuesta podrán leer rencor pero no lo hay. Yo ya me perdoné por haber permitido que lo que viví con el teatro me sobrepasara de muchas formas. Me siento MUY orgulloso de la forma en que manejé esa situación en el momento en que ocurrió y en los meses siguientes y después de muchas lágrimas y horas de terapia logré entender que en esta historia no hay buenos ni malos, sólo gente con perspectivas y valores diferentes;  lo que no implica que deslinde de sus responsabilidades (o culpas) a los personas detrás de esa situación (eso que lo trabajen ellos por su cuenta).

¿Entonces por qué no me gusta que digan que me hicieron un favor? Porque desvaloriza todos mis esfuerzos para estar aquí y porque literalmente la gente de esa escuela de teatro no me hizo ningún favor. Yo estoy en Australia porque tengo la fortuna de contar con una GRAN capacidad de adaptación y cuando me cerraron las puertas del teatro a mí no se me cerraron las puertas del mundo, al contrario, tuve la inteligencia suficiente para -dentro de todo eso- ver nuevas oportunidades. Por eso me “molesta” que digan que me hicieron un favor cuando la gente de esa escuela ni me consiguió la beca, ni me compró mi boleto de avión o me pagó la visa y mucho menos me devolvieron lo MUCHO que invertí en el teatro (tiempo, amistades, amores, dinero, esfuerzo, etc)…

Cuando algo “malo” les suceda y trunque sus planes no se casen con la idea de “cuando una puerta se cierra otra se abre” ni se desresponsabilicen de la situación con el típico “cuando Dios te quita algo es porque te va a entregar algo mejor” porque NO es verdad: uno tiene que buscar una nueva puerta y después descifrar cómo chingados abrir la puerta porque Dios NO es responsable de lo que nos pasa y tiene asuntos más complejos con los que lidiar que con nuestra existencia a nivel individual. Así que cuando se enfrenten a que las cosas no salgan de la forma en que las planearon por algo que no está en sus manos, dense tiempo de vivir el dolor que representa eso pero también para recordar que son más que un plan y dentro de todos nosotros está la capacidad de encontrar nuevos caminos.

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