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Antología del amor: Amores fugaces

Para verdaderamente conocer un nuevo lugar hay que recorrerlo acompañado de un local pero si realmente quieres entender ese nuevo lugar, entonces tienes que amar a alguien de ahí. Estoy convencido que no hay mejor forma de hacer un sitio verdaderamente inolvidable que enamorándote de alguien del lugar al que visitas.

Me he dado cuenta que los destinos más entrañables que he visitado son aquellos en los que me he enamorado de algún local. Amar a alguien mientras se está de viaje es de los amores más sinceros que pueden existir porque traen consigo una fugacidad adherida que permite que surja una entrega desmedida y sin complicaciones en las dos partes. Yo no soy un viajero con un amor en cada destino, pero sí he vivido romances que volvieron algunos de mis viajes más memorables de lo que hubieran sido sin ellos. El más memorable de mis amores fugaces lo viví en Israel, supongo que por eso ese país dejó una huella tan profunda en mí.

Mi amor israelita duró 3 días y fue perfecto. Empezó el día que llegué a Jerusalem. Tenía el día libre y decidí caminar por la ciudad para conocerla sin prisas. Cuando me dio hambre entré a un café para comer algo y refrescarme porque hacía mucho calor. Estando ahí vi a un chavo que se veía simpático y al que oí hablar en inglés pero que se veía demasiado judío para ser extranjero por lo que me acerqué para preguntarle alguna recomendación para visitar en la ciudad. Cuando nuestras miradas se cruzaron hubo un flechazo instantáneo. No me había equivocado, era un telavivense que vivía en Jerusalem y que se ofreció amablemente a mostrarme esta hermosa ciudad. Esa tarde estuvimos caminando por la ciudad vieja y por la noche me llevó a un mirador para tener una vista panorámica de la ciudad iluminada con el Monte de los Olivos de fondo (y seguramente también para que pudiéramos agarrarnos a los besos, pero más allá de cualquier intención, el momento se dio y fue muy especial).

Al otro día después de que terminé las actividades que tenía programadas con mi tour, pasó por mí al hotel y fuimos a cenar a un restaurantcito local, luego fuimos por unas cervezas y terminamos en el único antro gay de Jerusalem bailando cual si no hubiera un mañana.  En mi última noche por Jerusalem volvió a pasar por mí al hotel para despedirnos. Fue una despedida sin lágrimas pero emotiva, sin prisas pero con el tiempo en contra, con caricias sinceras pero sin falsas esperanzas… seguramente nunca nos volveremos a ver pero yo le agradezco a la vida que nuestros caminos hayan coincidido por ese pequeño lapso de tiempo.

Muchos podrán decir que esto no fue amor pero para mí lo fue. ¿Lo amé?  Todo lo que se puede amar a alguien en 3 días y para mí eso es suficiente porque en el universo de mis amores siempre será una estrella fugaz que iluminó mi cielo por unos instantes… y sólo por eso, ya es un amor inolvidable.

 

 

 

1 comentario en “Antología del amor: Amores fugaces”

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