actitud, aprendizaje, Australia, vida

La sazón de la humildad

Hace un par de semanas fui a una entrevista para entrar a trabajar a un restaurante mexicano que están por abrir en la ciudad que vivo. Supongo que el hecho de que sea mexicano fue una gran ventaja porque prácticamente en cuanto salí de la entrevista me dijeron que estaba contratado. Debo confesar que también debió ayudarme el hecho de que en la entrevista con mucha seguridad dije que tenía experiencia cocinando y era muy bueno haciendo platillos mexicanos, cosa que si bien no es del todo mentira tampoco es verdad.

Esta semana tuve mi capacitación y mi sorpresa fue la forma en que toda la gente que maneja el restaurante se portó conmigo. En todo momento me preguntaban la manera de pronunciar los platillos de la carta, las palabras en español y buscaban mi validación para todo lo referente con México. A mí estas muestras me parecieron de GRAN humildad y de una enorme capacidad de liderazgo porque sólo los verdaderos líderes son capaces de pedir ayuda para mejorar sin sentir que pueden ser menospreciados.

Pero la mayor muestra de humildad la recibí por parte del Chef del restaurante. Él me pidió que lo asesora para preparar el menú correctamente. A mí eso me abrumó y agobió porque mis habilidades culinarias se limitan a cocinar las recetas que mi mamá me ha pasado; pero bueno, no me quise achicar y acepté la propuesta (sobre todo porque sabía que implicaba comida gratis).

En cuanto llegué al restaurante, el Chef me dio las recetas del menú y me pidió que las revisara y cambiara lo que se necesitara para que fueran lo más mexicanas posibles. La verdad es que todas las recetas se veían bien y yo no hice ningún cambió. Entonces me dijo, voy a cocinar esos platillos y tú me vas diciendo si lo estoy haciendo bien y mientras me haces una salsa roja para que aprenda a hacerla. Yo, cual si Speedy Gonzalez hubiera protagonizado Ratatoullie (jajaja), me puse a preparar mi salsa con toda la seguridad del mundo. Todos los platillos quedaron con un sabor MUY mexicano (lo cual es sorprendente para estar tan lejos de México) y mi salsa les encantó. Preparamos tacos al pastor, pollo en adobo, tacos de bistec y con cada bocado yo cerraba los ojos y lograba sentirme en México en un restaurante en Polanco (porque los tacos los hicieron tipo gourmet).

Al final, lo que yo me quedo de todo esto es la importancia que tiene ser humilde. Muchas veces he desechado comentarios/opiniones/consejos simplemente porque vienen de gente con menos experiencia profesional que yo o un nivel educativo inferior al mío o simplemente porque tienen menos edad, cuando si hubiera sido lo suficientemente humilde probablemente habría podido aprender mucho de esas personas. Hoy, pude confirmar que verdaderamente toda la gente que se cruza en nuestro camino puede ser un maestro de vida si soy lo suficientemente humilde para reconocer mis carencias. Me quedo infinitamente agradecido con la gente que voy a estar trabajando porque desde ya me están aportando mucho más de lo que esperaba recibir trabajando en ese lugar y eso es mucho más que cualquier salario.

En fin, ya les iré contando de mis aventuras de cocinero/mesero porque seguramente el ratatoullie que hoy me habitó me abandonará y entonces tendré muchas anécdotas chuscas que contar.

Saludos 🙂

 

2 comentarios en “La sazón de la humildad”

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