actitud, aprendizaje, Australia, crecimiento personal, vida

La vida está llena de constantes desprendimientos.

La vida está llena de constantes desprendimientos. Todo el tiempo, todos los días le decimos adiós a algo o alguien. Al sol, a la luna, a las estrellas, a los compañeros del trabajo, a los amigos, al amor, al dolor, a la felicidad, al miedo, a la seguridad, a los sueños… hasta que llega el momento de soltar el último aliento y decirle adiós a la vida.

Desde que llegué a vivir a Australia me he vuelto mucho más perceptivo de los pequeños desprendimientos que suceden en el día a día.Tal vez sea porque cada día tengo algo de que desprenderme, que ya no me da miedo soltar. Aquí he aprendido que nada me pertenece y que las personas y cosas están conmigo el tiempo exacto… ni un minuto más, ni un día menos. Esto me ha permitido soltar con mayor facilidad aunque no por eso el proceso de dejar ir se ha vuelto menos doloroso.

El último mes he tenido que soltar mucho. Hace un mes exactamente, Marja -una de mis mejores amigas por estas tierras- regresó a Finlandia (de donde es originaria) y, aunque teníamos pocos meses de conocernos, me afectó mucho su partida porque algo de mí volvió a sentirse solo. Justo a los pocos días de eso, tuve que mudarme de casa y fue más difícil de lo que pensaba. Dejar de vivir en las residencias de la universidad significó dejar a mi familia australiana para volver a la soledad. Mis mejores amigos en esta tierra son mis housemates y disfrutaba mucho poder desayunar, comer, cenar, platicar o simplemente pendejear con ellos todos los días. Una vez más volvía a estar a la deriva.

En eso estaba cuando llegó a Bendigo la camada de nuevos estudiantes internacionales y yo decidí “adoptar” a uno de ellos: Ben (o Benito, pa’ los cuates). Ben acababa de llegar de Suecia y no tenía dónde vivir. A mí se me hizo fácil ofrecerle un cuarto en mi nueva casa en lo que encontraba un lugar porque se lo que se siente llegar a un nuevo país y no tener a quién recurrir. Las últimas dos semanas estuvimos compartiendo casa y fue una experiencia mucho más agradable de lo que pensé. Ben está estudiando algo parecido a lo que yo estudio aquí y su “estilo” y forma de ser me hacen recordar mucho a mi hermano (supongo que eso fue lo que despertó mi instinto protector para “adoptarlo”). Pero este fin de semana Ben encontró dónde vivir y hace unas horas se mudó a su nuevo hogar. Una vez más, tuve que decir adiós.

Todos estos pequeños desprendimientos han venido a reforzar la importancia de no aferrarme a nada, de no intentar poseer nada y de disfrutar cada instante y cada compañía cual si fuera el último.  ¿Me han dolido estos desprendimientos? ¡Por supuesto! Pero también me han servido para darme cuenta de que las verdaderas amistades están más allá de la convivencia diaria y para darme cuenta que soy capaz de generar amistades duraderas. Desde que dejé mi viejo hogar, no hay día en el que no hable o platique con alguno de mis ex-housemates y me encanta que me sigan tomando en cuenta para los planes de fin de semana o eventos en la residencia. Con Ben estoy seguro que también hice una buena amistad porque a penas lleva unas horas en su nuevo hogar y ya quedamos en cenar un día de la próxima semana.

Sí, la vida está llena de constantes desprendimientos. Pero siempre se queda en mí algo de lo que dejo ir. Así que dejemos que la vida fluya, que nos quite lo que no tiene que estar a nuestro lado esperando que nos de la capacidad de reconocer lo que, aún sin estar junto a nosotros, debe permanecer en nuestra vida.

Saludos! 🙂

3 comentarios en “La vida está llena de constantes desprendimientos.”

  1. No puedo conectarme siempre pero marqué para que me lleguen tus posts al email por lo que puedo leerlos en el móvil, aunque no siempre pueda comentar, te sigo en cada una de tus entradas y cada una amplia mi manera de ver las cosas. Saludos Alonso!

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      1. Claro querido Alonso y haciendo referencia a los que escribiste, hay una frase que está en la peli ´La vida de Pi´ que no sé si está en el libro, pero dice: La vida en sí es un acto de desapego, solo que nunca estamos preparados para decir Adiós´
        Saludos!

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