actitud, amor, vida

Sólo se tiene lo que se da

Tuve la fortuna de haber crecido con la cultura de la ayuda gracias al ejemplo de mi familia, principalmente de mi abuela y mi mamá, que siempre está dispuesta a ayudar a quien se lo pide. Muchas veces me tocó ayudar porque me lo pidieron, otras porque mi mamá me obligaba  (de niño no era tan fan de ayudar) y unas más porque lo necesitaba (cuando hice mi servicio social en la universidad). Sin embargo, en los últimos días he tenido la fortuna de servir a alguien más a través de programas de voluntariado y he estado viviendo algunas de las experiencias más enriquecedoras de la vida.

Cuando yo pensaba en ser voluntario, siempre me imaginaba en medio del Océano Pacífico en barco combatiendo a los cazadores de ballenas, en medio de un campo militar entre Israel y Líbano ayudando a los heridos de guerra o en la sabana africana alimentando niños. La verdad es que ser voluntario puede ser mucho más fácil y común que esas situaciones y no por eso deja de ser reconfortante.

Yo empecé siendo voluntario en la oficina para estudiantes internacionales de mi universidad. ¿Qué hacía ahí? Recibía a los nuevos alumnos que llegaron de todas partes del mundo y los ayudaba a “hallarse” dentro de su nueva vida. Me tocó desde recibirlos y mostrarles la escuela, hasta ayudarlos a inscribir sus materias o llevarlos a conocer la ciudad para que supieran dónde podían comprar el súper o dónde pasa el camión. Yo lo hice porque entiendo lo que es llegar a un nuevo país completamente solo y porque desde que llegué a Australia toda la gente ha sido muy hospitalaria conmigo y me parecía una buena manera de regresar un poco de lo mucho que yo he obtenido aquí.

Cuando terminó mi trabajo con los estudiantes internacionales, mi supervisora me recomendó con una agencia que se encarga de promover la multiculturalidad en el pueblito donde vivo. Al principio pensé en rechazar la oferta porque estoy lleno de muchas cosas entre la escuela y el trabajo, pero la misión de este lugar me parece muy importante y es una de mis causas personales por lo que acepté formar parte de esta organización.

En las últimas semanas estuve trabajando con esta organización en la realización del Festival de Culturas de Bendigo y aunque he dormido poco y estoy exhausto, me siento muy realizado porque me he dado cuenta que de alguna manera estoy siendo parte activa del cambio que me gustaría ver en el mundo. Promover la multiculturalidad se ha vuelto una causa personal porque me he dado cuenta que gran parte del racismo y el odio que existe en el mundo está fundamentado en el desconocimiento. Me gusta tener la oportunidad de poder promover el entendimiento humano a través de eventos que muestran la cultura e idiosincracia de los diferentes pueblos de una forma pacífica.

Les recomiendo mucho que si tienen la oportunidad de ser parte de un programa de voluntariado la tomen. No necesitan ir a Canadá rescatar focas o a luchar con el Subcomandante Marcos para hacer este tipo de trabajo, basta con querer ayudar sin esperar nada a cambio  y siempre sobran causas que necesitan voluntarios. Gracias a estas experiencias yo me he dado cuenta que entre más me doy, más cosas se quedan conmigo porque finalmente “sólo se tiene lo que se da”.

1 comentario en “Sólo se tiene lo que se da”

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