actitud, aprendizaje, crecimiento personal, felicidad, vida

Los deliciosos sabores de la vida

En mi post anterior les conté que empecé a trabajar en un restaurante mexicano llamado Cantina. El mes que llevo trabajando ahí he estado fascinado trabajando en la cocina porque aunque son unas chingas, es un trabajo muy activo todo el tiempo y en el que estoy mejorando mis habilidades culinarias de una forma que nunca pensé.

Cada noche encuentro en la cocina la vida me sorprende de muchas maneras. Algunas noches lo ha hecho a través de conocimiento concretos al aprender a preparar nuevos platillos, o la palabra en inglés de algún ingrediente que pensaba que no existía fuera de México. Otras veces me sorprende dándome fuerzas para aguantar el turno de trabajo con todo el desgaste del día o poniéndome a prueba frente a los retos que implica seguir instrucciones bajo presión en un idioma que no es el mío. Pero la sorpresa más bonita que me ha dado fue haberme hecho saber que estoy haciendo las cosas bien en la vida.

Desde que tengo uso de mi independencia la puntualidad siempre ha sido un asunto de suma importancia, por lo que trato de llegar a todos lados con unos cinco minutos de anticipación. Hace unos días llegué a mi trabajo con esos cinco minutos de anticipación y al llegar escuché que algunos de mis compañeros de trabajo hablaban de mí y lo que escuché me puso extremadamente feliz porque estaban diciendo puras cosas buenas sobre mí.

Ellos decían que les gustaba trabajar conmigo porque siempre que llegaba saludaba a todos y les preguntaba cómo estaban, además de que siempre les agradecía cuando me ayudaban en algo y al final del día me despedía de todos. La verdad es que nunca pensé que esos pequeños hábitos que tengo desde siempre marcaran una diferencia. Siempre saludo cuando llego un lugar porque me parece una muestra mínima de educación y sinceramente le pregunto a todos cómo están porque de esa forma puedo saber qué tal pintan los ánimos de la gente y poder ser más empático con ellos.

Después de escuchar eso, me puse a analizar a la gente que me rodea (maestros, amigos, compañeros de trabajo) y si bien nadie es grosero todos son muy distantes y pocas veces se interesan más allá de lo que les corresponde hacer. Esto sucede por una cuestión cultural y por eso lo entiendo, pero a mí me gustó darme que no he perdido mi cultura latina y sigo teniendo hábitos de cordialidad mucho más expresivos.

Escuchar a alguien hablar bien de ti a tus espaldas es de las sensaciones más bonitas que he experimentado en la vida. Nunca me había pasado de esta forma tan inmediata y directa y me sentí increíblemente feliz. De alguna forma sentí que la forma en que me conduzco en la vida está dejando huellas en quienes se cruzan en mi camino y me recordó que basta con mostrar un poco de interés genuinamente en todas las personas que se cruzan en mi camino, para hacer una diferencia en el sabor de sus días.

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2 comentarios en “Los deliciosos sabores de la vida”

  1. Dice que la vida se mide por la cantidad de personas en la que impactamos…. y también la calidad de ese impacto. Me alegra saber que estás causando una buena impresión no solamente en tus dotes de escritor, sino que también en tu día a día. Vivimos una era en la que el ambiente laboral más bien es tenso antes que agradable, y creo que ganarse esos buenos comentarios de tus compañeros es un aliciente que muy pocos reciben hoy día. Arriba la cultura latina y a extenderla!!

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