actitud, aprendizaje, crecimiento personal, Educación, vida

La difícil tarea de hacer lo correcto

De lo más difícil que enfrentamos los seres humanos es comportarnos con ética en el día a día. Es muy fácil reconocer y admirar valores y otra muy distinta llevarlos a la práctica. Comportarnos con ética y empatía no siempre es fácil y muchas veces la comodidad y la conveniencia hacen aún más difícil la tarea de hacer lo correcto.

Para mí ser ético no tiene que ver con la moral sino con el respeto y la empatía. Ser ético para mí es manejarme por la vida con la conciencia de saber que mis acciones tienen consecuencias y que yo soy el único responsable de éstas. En general, me considero una persona ética y siempre trato de hacerle frente a mis decisiones y actos; aunque reconozco que hay momentos en los que el bebé verdugo que me habita se apodera de mí e intento desresponsabilizarme de mis actos. Toda esta explicación viene porque hace un par de días me enfrenté a una de esas situaciones de la vida en las que se pone verdaderamente a prueba la ética. Aquí se las platico.

Como ya saben, estoy trabajando en un restaurante y cada semana en mi trabajo me depositan mi sueldo. La semana pasada pedí que me lo dieran en efectivo por lo que al finalizar cada día me pagaron mi jornada. El caso es que a mediados de esta semana recibí una notificación de mi banco sobre un depósito pero yo no le di importancia porque pensé que era el depósito de una compensación que me iban a dar por haber sido voluntario en mi escuela. Al ver el depósito me percaté que había sido mucho mayor de lo que debía ser la compensación económica pero como no decía el remitente pensé que había tenido suerte y un ángel maravillosos había hecho que esos dineros llegaran a mí.

Yo me puse a hacer planes con ese dinero pero al revisar mi estado de cuenta, vi que los que me habían depositado habían sido los de mi trabajo y no los de la escuela (y mucho menos un ángel del señor). La verdad es que nunca dudé en que debía regresar ese dinero pero no por eso me fue fácil regresar el dinero, porque a nadie le cae nada mal una semana extra de sueldo o ¿sí?  Tal vez si me hubiera quedado callado en mi trabajo no se habrían dado cuenta que me pagaron dos veces pero igual y sí y entonces yo iba a quedar mal. Pero más allá de eso, yo regresé el dinero porque si la situación fuera al revés a mí me gustaría que me regresaran la lana que di equivocadamente.

Hacer las cosas bien no es una tarea sencilla pero (aunque suene a cliché) cuando te conduces con ética y valores se queda en uno la satisfacción de haber hecho lo correcto y eso es algo que no se compra. Además estoy seguro que mi acción reforzó la imagen positiva que tienen de mí en mi trabajo y eso es algo que vale más que lo que gano en una semana de trabajo. Finalmente, parafraseando a la grandiosa JK Rowling, son nuestras decisiones las que demuestran quiénes somos y de qué estamos hechos realmente.

¡Buen domingo a todos!

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