actitud, aprendizaje, Australia, vida

Pequeños descubrimientos que encontré en el fin del mundo

Estoy a 35 días de cumplir un año viviendo en Australia. El tiempo se me ha pasado cual si fuera agua entre mis dedos. En estos 11 meses en la tierra de los canguros me ha pasado un poco de todo y un montonal de bien. Justo ayer me hicieron una entrevista sobre mi experiencia viviendo en este país y fue imposible no hablar de lo mucho que he aprendido estando aquí. Más allá de los aprendizajes académicos que me está dando estudiar una maestría, he aprendido mucho sobre mí, sobre el ser humano, sobre la vida y el mundo. Y de entre ese bagaje de conocimientos que me ha dado la experiencia de vivir en un país distinto al mío, he hecho una lista de pequeñas cosas que he aprendido a ver, sentir o experimentar de otra manera y aquí se las comparto.

  1. El frío se siente más fuerte cuando estás lejos de casa. Mañana empieza el invierno en Australia y desde hace un par de semanas han bajado las temperaturas. Viendo el termómetro noto que el clima es igual al de México en invierno pero yo aquí siento que me congelo un poco más rápido y me la vivo con bufanda, guantes y gorro todo el tiempo (de hecho me duermo con guantes). Mi conclusión es que me hace falta el calor de hogar para poder hacerle frente al clima.
  2. Fue importante aprender a mirar para los dos lados antes de cruzar la calle cuando fui niño. Jamás pensé que acabaría viviendo en un lugar donde los sentidos son al revés que en México. Haber aprendido a mirar a los dos lados antes de cruzar la calle me ha salvado de morir atropellado más de una vez.
  3. Las enfermedades dependen del acceso que tenga de mi mamá. Desde que dejé México no me he enfermado de nada: ni calentura, ni tos, ni diarrea, ni estreñimiento, ni gripe, ni dolor de muelas. Mi teoría es que al no tener a mi mamá cerca para consentirme, mi mente ha puesto a trabajar a mi sistema inmunológico para que no me sienta mal.
  4. Los animales dejaron de parecerme peligrosos cuando me di cuenta que no le podía gritar a mi papá que viniera a rescatarme. Australia está lleno de arañas, lagartijas, lagartos de todos los tamaños, formas  y colores; todas las noches murciélagos surcan los cielos de la ciudad donde vivo y en una ocasión se me apareció una víbora en el camino. Todas esas veces mi primer instinto fue buscar a mi papá para que se viniera a hacer cargo de esos seres amenazantes. Estando mi papá a cientos de kilómetros no me quedó de otra más que enfrentar mis miedos y descubrir que los animales ni son tan amenazantes ni quieren hacerme daño. De cualquier forma, sigo pensando que entre más lejana sea nuestra convivencia mejor será nuestra relación.
  5. El hambre es el mejor sazón de los alimentos. Aquí he pasado días donde me ruge la panza de hambre porque no tengo nada que comer. Entonces cuando tengo tengo la oportunidad de comer, como sin importar que comida sea. Si estuviera en México seguro no habría comido muchas cosas de las que aquí he tenido que comer porque o era eso o no comía. Gracias a esta situación me he dado cuenta que los pepinillos, la mostaza, la calabaza, el betabel y los caldos ni saben tan mal ni son tan asquerosos como pensaba (aunque sigo evitándolos en lo posible).
  6. El correo tradicional es el mejor apapacho que se puede recibir. Es una pena que hayamos dejado de enviar cartas y postales por correo tradicional porque son una muestra de afecto muy reconfortante estando tan lejos. En estos meses gente que quiero mucho se ha tomado el tiempo de enviarme postales, cartas, regalos por correo tradicional y ha sido increíble ver sus mensajes escritos con su letra. Cada vez que he abierto el buzón y ha habido algo con mi nombre, me ha recordado lo afortunado que soy de tener a gente tan hermosa a mi lado. Yo he enviado algunas cartas pero al parecer el correo en México no es tan efectivo porque tiene más de dos meses y no llegan (espero que no se hayan perdido por el camino).

Vivir en un país diferente al mío me ha dado muchas cosas que jamás terminaré de agradecerle al universo. De todas esas cosas, el mejor regalo ha sido aprender a ver en cada día la oportunidad de descubrir algo nuevo de mí, del mundo o de los demás.

Saludos a todos.

A.

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