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Nunca termino de decir Adiós…

Para mí la experiencia de estar viviendo en Australia ha sido increíble la mayor parte del tiempo. Sin embargo, hay momentos en los que las cosas no son tan positivas y, aunque afortunadamente han sido los menos, pesan mucho más de lo que pesarían estando en mi país y con mi gente. De entre los momentos difíciles que he tenido que vivir por estos lugares, definitivamente, lo que más me pesa es que nunca termino de decir adiós.

Ser estudiante en un país extranjero ha implicado aprender a vivir con la tarea constante de despedirme de la gente. Esta tarea empezó incluso antes de dejar México, cuando tuve que despedirme de mis amigos y mi familia. Desde que llegué aquí he tenido que decirle adiós a muchos amigos que terminan sus cursos y regresan a sus países de origen. A casi un año de vivir despidiéndome constantemente de la gente sigo sin acostumbrarme a decir adiós.

Ayer viví una de las despedidas que más me han podido desde que llegué aquí: le tuve que decir adiós a Ben, uno de mis mejores amigos por estas tierras. A Ben lo conocí cuando él llegó a Australia. Yo estaba trabajando de voluntario en la oficina de estudiantes internacionales de mi universidad y me tocó ayudarle a registrarse en el sistema de la escuela. Ahí me preguntó si sabía de algún cuarto en renta porque estaba quedándose en un hotel. En la casa donde vivo había un cuarto desocupado y se lo ofrecí en lo que encontraba un lugar para que no estuviera pagando el hotel. Compartimos casa por dos semanas y eso ayudó a que nos volviéramos muy amigos. Después conseguí que mi amigo Simon le rentara un cuarto en su casa y aunque ya no vivíamos en el mismo lugar nos seguíamos frecuentando seguido y eso fortaleció la amistad.

Decirle adiós a Ben fue difícil porque para mí él era una especie de hermano menor por estos rumbos. Me gustaba pasar tiempo con él porque sentía que podía aprenderle muchas cosas y al mismo tiempo sentía que él podía aprender cosas de mí porque somos muy diferentes. No se cuándo ni dónde vuelva a ver a Ben, pero tengo la certeza de que cuando suceda la amistad seguirá intacta y eso es invaluable.

En estos casi 12 meses de vivir en Australia he tenido que decirle adiós a mucha gente que quiero y ninguna vez ha sido fácil. Estoy seguro que todavía me faltan muchas despedidas por delante y está bien, así es la vida. Lo que yo he aprendido es que lo que me duele de cada adiós que doy es lo que dejo ir de mí con la otra persona, pero también he entendido que eso es necesario para hacer un espacio y poder guardarme algo de lo que son aquellos que se van. Ese pensamiento me ayuda a vivir las despedidas de una mejor manera porque me gusta creer que alrededor del mundo hay muchos pedacitos de lo que soy viviendo nuevas experiencias y, sobre todo, que en mí habitan muchos pedacitos de las mejores personas que hay en el mundo haciéndome experimentar la vida con ojos más grandes.

🙂

 

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