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Al final del arcoiris

Esta mañana desperté con la noticia de la masacre en el antro gay de Orlando. Una noticia que me dolió de una manera que no esperaba. Siempre me han conmovido las desgracias humanas, especialmente en actos tan cobardes como el ocurrido en Orlando o con los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Leer noticias en las que gente inocente es coartada de su derecho a la vida me frustra, me enoja y me hace avergonzar de los seres humanos. Sin embargo, nunca una noticia de este tipo me había afectado de la forma en que esta noticia lo hizo. Al leer la noticia lloré muchísimo y me ha sido imposible contener el dolor todo el día; he llorado al ver las muestras de apoyo a las víctimas, los mensajes de los familiares y amigos de los que fallecieron en esta masacre…

En un principio pensé que esta noticia me había afectado tanto por el hecho de que soy gay, y sí, fue por eso pero también va un paso más allá de eso. El año pasado en la marcha del orgullo gay de Jerusalem se presentaron unos ataques terroristas, y a pesar de que un amigo mío estaba ahí (afortunadamente no le pasó nada a él) y de que la noticia me afectó mucho, no lo hizo de la forma en que sucedió con esta noticia. ¿Por qué? Tal vez porque lo sucedido en Jerusalem tiene que ver con una actividad que yo nunca he realizado y en cambio, sí he ido a antros gay de manera más habitual. Eso puso en perspectiva mi situación.

Hoy, al leer la noticia sobre la masacre en Orlando me di cuenta de la situación tan vulnerable en la que me encuentro en el mundo. Siempre pensé que conducirme con respeto era lo único que tenía que hacer para que los demás me respetaran, pero hoy entendí que eso no es suficiente. Cada día estoy en riesgo de sufrir ataques de intolerancia, odio y violencia por la única razón de ser quién soy. Y no soy el único, todas las personas que formamos parte de la comunidad LGBTQ enfrentamos la vida con este miedo todos los días sólo porque amamos de forma diferente al común de la población. Me entristece ver que muchas personas se olvidan que al igual que ellos somos humanos y que más allá de nuestras prácticas sexuales o nuestra identidad sexual, lo único que buscamos es tener lo que todos los demás tienen: la seguridad de poder amar y ser amados sin miedo.

Me duele y me preocupa ver que hay gente, como el funcionario de Jalisco, que publique mensajes en favor de este tipo de acciones. ¿En dónde pinches madres dejamos nuestra humanidad? ¿En qué momento la vida de unos vale menos que la de otros? Yo no estaba en el antro gay de Orlando cuando ocurrió el atentado el sábado por la noche, pero eso que pasó ahí pudo haber ocurrido en cualquier antro gay del mundo. Y yo, mis amigos o alguien que tú conoces pudimos haber sido las víctimas. Y eso no lo habría hecho diferente porque para mí la vida de las 50 personas asesinadas el sábado vale lo mismo y duele igual que la de cualquier otro ser humano.

A lo largo de la historia siempre han habido personas oponiéndose a los cambios en favor de las minorías bajo el argumento de que se va a destruir el orden social. La historia también nos ha demostrado que las luchas sociales siempre han logrado mejorar la calidad de vida de los seres humanos. En el pasado hubo grupos que se oponían a que los negros tuvieran libertad, que las mujeres votaran, que los judíos tuvieran los mismos derechos que el resto de la población… y hoy, todos reconocemos que esos grupos estaban equivocados. ¿De qué lado de la historia quieres estar? Porque en estas situaciones, uno no puede ser imparcial, hay que tomar partido.

Yo me rehuso a vivir en un mundo donde la gente es asesinada por amar diferente, por pensar diferente, por sentir diferente, por votar diferente, por rezar diferente…Si eres una persona que nunca ha tenido la necesidad de celebrar una marcha del orgullo gay, un día internacional de la mujer o el Yom HaShoah, agradece lo afortunado que eres por poder vivir sin miedo a ser perseguido por ser quien eres. No todos tenemos esa fortuna.

Para mí, hoy fue un día triste. Me duele ver que en pleno 2016 sigue habiendo gente que piensa que el amor es exclusivo de los heterosexuales. Me lastima pensar que hay gente que usa el nombre de Dios  para quitarle derechos a otros seres humanos. Y me lastima todavía más ser testigo de asesinatos en su nombre. Sin embargo, no pierdo mi fe en que somos más los buenos y en que llegará el día en que todos podamos amar sin miedo y gozando de las mismas oportunidades y derechos. Esa fe es la que me da fuerzas para soportar noticias como la del atentado en Orlando. Porque tengo la certeza de que el amor siempre gana.

Este escrito está dedicado a todas las personas que sufren la agonía de no poder ser quienes son en libertad, y especialmente, a las víctimas y familiares de los atentados en Orlando.

#LoveIsLove

 

 

1 comentario en “Al final del arcoiris”

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