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Dulces son los frutos de la disciplina

Desde muy chavito tomé la disciplina como uno de los valores principales de mi vida. Ser disciplinado siempre ha sido mi herramienta para enfrentar el mundo. En la disciplina he encontrado suelo firme, una fuente de autoestima, una brújula cuando he perdido el camino y la fuerza necesaria para enfrentar las adversidades del camino.

A lo largo de mi camino por la vida me topé con gente que veía  en el hecho de que fuera disciplinado una gran virtud. Sin embargo, cuando hacía teatro este hecho era algo que muchos profesores veían de una forma negativa (a pesar de que en su discurso promovían esta actitud y a mis compañeros se las exigían). La maestra que más admiré en mi paso por el teatro me dijo durante una evaluación: “Tu mayor problema es que en tu mundo hasta los árboles crecen con disciplina”,sé que ella lo dijo con la intención de hacerme crecer actoralmente pero yo me agobié mucho con ese comentario y comencé a lamentarme por haber crecido siendo disciplinado. Esa sensación de frustración se incrementó cuando me dieron de baja de mi escuela de teatro porque sentí que todo el trabajo que había invertido en ser disciplinado no había rendido frutos (especialmente tomando en cuenta que mi “exceso” de disciplina fue una de las razones de mi baja). Pero la vida me dio la oportunidad de poner a prueba mi disciplina y para eso me mandó al fin del mundo.

Cuando llegué a Australia tuve que reiniciar mi vida de cero en todos los sentidos. Tuve que hacer nuevos amigos, aprender a estudiar bajo los estándares de un nuevo sistema educativo, a pensar en inglés, a buscar trabajo, estar a la altura de las exigencias australianas, etc, etc. De alguna forma tuve que construirme una identidad que fuera más allá del “estudiante mexicano”. Fue entonces que la disciplina rindió los frutos que tanto había anhelado.

La actriz Karla Souza (2015) durante su plática motivacional para TEDx Talks citó un texto de la obra A vuestro gusto de William Shakespeare (1600) que, aunque no habla directamente sobre la disciplina, me parece muy ad hoc con la forma en que esta virtud me ha ayudado a construirme en Australia. Se las comparto:

Dulces son los frutos de la adversidad,

que, como el sapo feo y venenoso,

lleva siempre una gema en la cabeza;

así, nuestra vida, aislada del trato social,

halla lenguas en los árboles, libros en los arroyos,

sermones en las piedras y el bien en todas las cosas.

Si en ese texto cambio la palabra adversidad por disciplina, la frase tiene mucho más sentido en mi vida y me atrevería a decir que en la de cualquier persona; porque al final del día, es en la disciplina donde están guardadas nuestras fortalezas y talentos. Fue en la disciplina donde encontré las herramientas necesarias para enfrentar el sentimiento de adversidad que me llegó cuando tomé conciencia de que estoy en un país lejano completamente solo.

Fue por la disciplina he tenido la capacidad de adaptarme a reglas y convenciones sociales que en México parecen no tener sentido como el ser puntual. Hoy, gracias a la disciplina, tengo la certeza de que puedo con las cosas que están después de la línea en la que termina mi zona de comfort. El ser disciplinado me acaba de conseguir un trabajo que tiene que ver con mi maestría. Y se que fue debido a mi disciplina porque muchos otros candidatos  con mejores credenciales que las mías también aplicaron a la solicitud. La mayoría de ellos eran australianos, que aunque cuentan con el mismo grado académico que yo, son superiores en el idioma inglés y su experiencia profesional es en este país. ¿Qué me hizo diferente de ellos? Ser disciplinado. La gente que me hizo cartas de recomendaciones (maestros y jefes de los lugares donde fui voluntario) siempre coincidió en que tenía la virtud de la disciplina y mi nueva jefa piensa que no hay mejor profesional que el que es disciplinado (al parecer en ninguna de las cartas de los demás candidatos mencionó la disciplina como una de sus virtudes).

Ser disciplinado implica mucho más que estudiar y prepararse todos los días. Es crear rutinas, es ser constante con lo que nos interesa, ser puntual, estar comprometido con las cosas que nos involucramos… es regar con dedicación los árboles de tu mundo a la misma hora y con la misma cantidad de agua todos los días. Definitivamente ser disciplinado no es fácil pero cuando menos lo esperes, los árboles crecerán y darán sus frutos y al probarlos te darás cuenta que el esfuerzo de ser disciplinado vale la pena porque “dulces son los frutos de la disciplina”.

Les dejo la plática de Karla Souza que es muy interesante.

 

Saludos,

A.

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