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El cristal con el que viví la historia

El viernes de la semana pasada desperté y había un mensaje en mi celular que contenía un link que llevaba a una nota sobre la expulsión de la alumna Silva Sáez de la Casa del Teatro (la escuela donde yo estudié actuación). La situación en que Silvia fue expulsada de esa institución me afectó de una forma muy personal pues se dio bajo circunstancias parecidas a la manera en que yo fui expulsado de ese lugar (les dejo el link aquí para que conozcan lo que sucedió con Silvia).

Leer lo que le ocurrió a Silvia me llenó de rabia e impotencia nuevamente. De alguna manera me sentí responsable por no haber buscado llevar mi caso hasta las últimas consecuencias; así que me puse en contacto con Silvia y su papá para ofrecerles mi apoyo y mi ayuda y comenté en la nota que yo había vivido algo similar en esa situación. A partir de ese comentario fui contactado por Silvia, su papá y la página especializada Distrito Teatro para que les diera mi testimonio sobre lo que yo viví ahí.

Yo me debatí un muy buen rato sobre cómo dar mi testimonio. Moralmente no sólo sentía la obligación de apoyar a Silvia sino que quería hacerlo. Por otro lado, sentía que era tocar heridas que me habían costado mucho trabajo sanar. ¿Qué se hace en estos casos? Yo decidí tocarme las heridas, arrancarles la costra y volverme a exponer a ellas. Y me di cuenta que aunque me siguen doliendo, el dolor es distinto porque ya no lo padezco y le encontré una nueva finalidad: ayudar a evitar a que sigan ocurriendo casos como el mío y el de Silvia.

Escribir mi testimonio fue muy difícil. A lo largo del viernes recibí mensajes de ex compañeros de mi escuela que me cuestionaban sobre qué iba a hacer en esa situación. Algunos me pedían no hablar desde el rencor. Otros que recordara que ya había superado esa etapa y no tenía caso tocar el pasado. Y otros más que me pedía que alzara la voz porque ellos no podían alzar la suya. El problema era que los mensajes verdaderamente sinceros, de la gente que vivió ese momento a mi lado y que más me quiere se contradecían entre sí.

¿Qué se hace en esos casos? No quería escribir un testimonio desde el rencor porque me costó trabajo dejar ese lugar y no quiero regresar a él; pero tampoco quería hacerlo desde el perdón porque mientras las personas que me dañaron no me pidan directamente una disculpa no creo que se merezcan que yo los perdone. Afortunadamente tengo aquí a un GRAN amigo que además es un GRAN periodista y escritor (mi amigo Mark), a quien le conté mi historia y le planteé mis dudas y me supo guiar en la dirección correcta con su consejo: “escribe tu testimonio de la forma en que me lo contaste a mí: desde ti, desde lo que viviste y sobre cómo te sentiste; no des por hecho nada que no puedas comprobar, tus suposiciones son eso y por lo mismo plantéalas como preguntas y sobre todo, no asumas nada sobre las otras personas por más mal que te caigan”.

A partir de ese consejo escribí mi testimonio sobre lo que yo viví y sentí en mi expulsión de casa del teatro (que en cuanto sea publicado lo postearé por aquí). Un testimonio que es sólo una declaración sobre los abusos que yo viví en esa institución y de las personas que yo siento responsables de esos abusos. Un testimonio que sólo habla de una parte de lo que viví en esa institución pero que no es toda la experiencia que yo tuve ahí. Claro que tuve momentos inolvidables y llenos de mucha felicidad que siempre voy a atesorar. Pero esos momentos se los debo a mis compañeros. Claro que tuve enormes aprendizajes sobre lo que implica ser un artista y dedicarse al arte. Sin embargo, esos aprendizajes no se los debo a ninguno de los maestros que señalo en mi testimonio. Pero también creo que es importante señalar los abusos de poder a cualquier nivel y en cualquier lugar.

Dicen que el teatro es la representación de la vida y que la vida es una gran obra de teatro; de ahí que ambas cosas sean subjetivas. Por eso entiendo que habrá gente que desacreditará mi testimonio y otra que lo respaldará. Al final del día, cada quién habla según le fue en la feria y mi testimonio está escrito bajo el cristal con el que viví mi historia. A mí lo único que me interesa con todo esto es darle fuerza a la voz de los que han sido víctimas de una situación como la que yo viví y principalmente para que el arte siga siendo un arma cargada de futuro y no de abusos de poder. Y mientras tanto, vuelvo a reiterarle a Silvia TODO mi apoyo en lo que está viviendo.

Alonso N.

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