amistad, amor, felicidad, vida

La Entrada del 3er Piso

El jueves 13 de octubre se dio a conocer que Bob Dylan había ganado el Premio Nobel de literatura. Yo ubico una que otra canción del cantautor estadounidense pero no podría decir que conozco su música. Para poder tener de qué hablar y poder dar mi opinión sobre la polémica que generó la victoria de Dylan, decidí que sería bueno escuchar sus canciones más populares en Apple Music. Pero entre tantas cosas que tuve que hacer, se me olvidó escuchar sus canciones y ese 13 de octubre lo pasé sin escuchar al Nobel de literatura 2016.

A las 6:45 de la mañana de mi cumpleaños me llegó un mensaje de felicitación y el sonido me despertó. Al no tener nada que hacer, decidí escuchar las canciones de Bob Dylan para conocer la obra del recién premiado y con la esperanza de que la música me regresara el sueño. La primera canción que comenzó a sonar en mi iPhone (aleatoriamente) fue “Young Forever”. Escuché la letra con atención y no pude evitar pensar que eso no era una casualidad ni coincidencia sino la manera  en que el universo me estaba deseando feliz cumpleaños.

Estoy convencido que lo mejor que se puede hacer en un cumpleaños es consentirse y dejarse consentir. Yo decidí hacerlo desayunando galletas Oreo (mis favoritas) ya que, según yo, uno pude comer lo que sea en su cumpleaños porque ese día no engordamos ¿verdad? jajajaja. Y mientras me chingaba mi décima galleta, me puse a revisar el correo y me encontré con una postal de mi mamá. De ahí uno de mis primos me recomendó escuchar un disco que me fascinó porque me encontré en todas las canciones y así continué con muchísimos destellos de amor y buenos deseos hasta que terminé el día en una tocada de the jezabels (si pueden chéquenlos, son buenísimos) con uno de mis mejores amigos.

Desde ese primer mensaje hasta el día de hoy, doming 16 de octubre, sigo recibiendo muestras de afecto y cariño de todas partes del mundo. Con cada mensaje, foto, video, llamada, chat, regalo, detalle mi corazón se va hinchando más y más de felicidad. Estoy seguro que si así fue la entrada del tercer piso, no me imagino lo que sigue adelante pero tengo listo el corazón para lo que vendrá.

Muchas, muchas, muchísimas gracias a todos los que se dieron un tiempo para regalarme un poco de su amor en este día. Tanto amor me hizo recordar que soy uno de los consentidos de la vida. No hay palabras suficientes para expresar lo agradecido que estoy de poder compartir este camino con todos ustedes. Deseo que el universo les devuelva el doble de todas esas cosas tan bonitas que desearon para mí. Los quiero de Australia a México de ida y vuelta nadando de muertito.

 

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