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Descubriendo Tasmania

El fin de semana tuve el privilegio de ir a dar la vuelta a Tasmania. Tasmania es el único estado de Australia que es es una isla y es uno de los lugares más encantadores que he visitado en todo el mundo. Por si eso no fuera lo suficientemente atractivo, tuve la ENORME fortuna de realizar este viaje con mi amigo Marc y su sobrina Roisin, quienes hicieron el viaje todavía más agradable.

Llegamos al aeropuerto de Melbourne al medio día para abordar nuestro vuelo y desde que documentamos ya nos habíamos empezado a reír y teníamos chistes locales, lo que auguraba un excelente viaje. Marc es una cajita de sorpresas y resultó que tenía accesos para el club de la aerolínea con la que viajábamos y nos fuimos a esperar el vuelo en calidad de celebridades: con cervezas y comida gratis. El vuelo dura una hora con cinco minutos y estuvo relativamente tranquilo hasta el momento del aterrizaje, ya que el viento estaba muy fuerte cerca de la pista de aterrizaje y movió el avión como pocas veces me ha tocado.

La ciudad a la que llegamos se llama Hobart, que es la capital del estado y la segunda capital más antigua en Australia (Sydney es la más vieja). Hobart es una ciudad HERMOSA: es pequeña pero tiene todas las comodidades de una gran ciudad, con edificios coloniales muy bien preservados y muchos cafés, restaurantes y pequeñas tiendas. Lo más padre de este lugar es que es puede caminarse fácilmente y en poco tiempo.

En nuestra primera tarde, recorrimos la ciudad para conocerla y tomar algo ligero en lo que pensábamos qué cenar. Lo mejor de Marc es que es un foodie consagrado por lo que tiene una gran capacidad para detectar los mejores lugares para comer en cualquier lugar. Yo moría de ganas por un helado y nuestra primera parada fue una pequeña tienda llamada Sweet Envy en la que venden helados artesanales de todos los sabores. Yo me pedí el helado más gordo y delicioso que he comido en la vida. Se llama Fat Elvis y es de vainilla con trozos de tocino, mermelada y cacahuates. Tal vez no suena una buena combinación pero les prometo que sabe DE-LI-CIO-SO.

De ahí continuamos hasta el puerto de Hobart, donde nos sentamos a tomar una cerveza y platicar un rato. La vista era hermosa con todos los barcos y las casitas y edificios a lo lejos. De ahí nos fuimos a cenar a un restaurante mexicano llamado Pancho Villa. Yo tenía muchas dudas sobre lo que me iba a encontrar pero resultó ser una sorpresa muy positiva. La comida estuvo deliciosa y, en sus posibilidades, sabía muy parecido a la de mi país (incluso comimos tacos de camarón con tortilla azul y hasta mezcal tenían). Al terminar de cenar nos fuimos a arreglar para ir al único antro gay de todo el estado. El lugar no fue la gran cosa, pero la pasamos muy bien bailando y ver a Roisin toda emocionada por ir por primera vez a un antro gay fue una joya.

El segundo día nos levantamos temprano y fuimos a desayunar a un cafecito llamado Whisk & Co. Una vez más, fue una delicia todo lo que nos comimos. Luego visitamos el Mercado de Salamanca, que es un mercado ambulante muy famoso por aquí y de ahí, nos fuimos a un pueblito cerca de Hobart llamado Richmond. En este lugar se encuentra el puente más antiguo de Australia, el cual fue construido en 1825 y es un símbolo de la herencia de los convictos que tiene la isla de Tasmania. El pueblito es muy pintoresco, es famoso por sus artesanías en madera y se recorre muy rápido.

Cuando terminamos de recorrer Richmond tomamos camino rumbo a Wineglass bay (o la bahía Copa de vino), que estaba a 2:30 hrs de ahí. El camino con Marc y Rois fue muy divertido porque fuimos cantando, contando chistes, historias y hasta inventando juegos.

Dicen que llegar al paraíso no es fácil pero vale la pena. Llegar a Wineglass bay no fue fácil porque no sólo implicó las horas en carretera sino que después tuvimos que subir una montaña, por lo que a mí me hizo pensar que íbamos rumbo al mismísimo paraíso. No me equivoqué. Wineglass bay es una de los sitios más hermosos que he visto. La playa es el resultado de la erosión de conchas por lo que es una arena blanca  y áspera como los dientes de las sonrisas que enamoran pero no se entregan. El azul del mar es profundo y va cambiando sus tonalidades conforme se convierte en mar abierto. Estar ahí fue sentir un abrazo de los Dioses. Me llené de calma y paz. Y justo cuando estábamos por regresar, llegó un pequeño wallaby a la bahía y se acercó tanto a nosotros que lo pudimos acariciar.

De regreso a Hobart la carretera nos regaló no sólo uno de los atardeceres más bonitos que he visto en mi vida, sino que por momentos pudimos ver Australis Boreal, el equivalente a la Aurora Boreal en el Hemisferio Sur. Lo malo fue que había muchas nubes y no pudimos contemplar ese fenómeno en su totalidad (y que mi celular no captó nada).

El último día del viaje lo aprovechamos para ir al MONA, el Museum of Old and New Art que es uno de lo museos más famosos de este país y de los que yo más he disfrutado en el mundo. El MONA es un museo muy interactivo y eso me fascinó. Llegando nos dieron un iPod que fue nuestra guía y nos iba explicando las obras que veíamos. Justo en la primera parte del museo había 4 puertas diferentes y nosotros decidimos separarnos para ver las exposiciones a nuestro tiempo.

Después de un par de horas, nos volvimos a reunir y recorrimos el resto de los pisos del museo juntos. Después de recorrer las demás salas de museo, volvimos al puerto de la ciudad para comer los famosísimos fish & chips y partir de regreso a casa. Yo me quedé con ganas de estar más tiempo por Tasmania, porque es un lugar maravilloso, lleno de mucha naturaleza, de gente muy amable y con el plus de que tiene el aire más limpio de todo el mundo (algo que le cae muy bien a los pulmones de cualquiera).

Viajar siempre será el mayor placer en mi vida y haberlo hecho con Marc y Roisin lo hizo mucho más placentero. Tengo fé en que algún día volveré a ese hermoso lugar en compañía de estas hermosas personas. Mientras tanto, sólo me queda desear que Tasmania haya sido el primero de muchos viajes compartidos con este par. 🙂

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#Tassie trip is over 😦

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Saludos,

A.

1 comentario en “Descubriendo Tasmania”

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