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Las diferentes capas del hogar.

Tengo la fortuna de estar trabajando en un entorno multicultural. Mis compañeros de trabajo son de diferentes lugares del mundo, de religiones diversas y con costumbres distintas. Esta situación es una gran fortuna porque me ha permitido ampliar mi visión del mundo y entender la vida desde nuevas perspectivas.

Todos mis compañeros de trabajo son personas con una gran calidez humana y gracias a su diversidad he encontrado importantes respuestas de vida. En diciembre estuve trabajando muy de cerca con una chica musulmana de Bangladesh llamada Nasrin. Hacer equipo con Nasrin fue un gran regalo de la vida porque es una mujer inteligente, sensible y llena de humildad. Nasrin trabaja para erradicar el racismo hacia la comunidad musulmana de Bendigo y su labor es impresionante. Ella me ha ayudado a entender la cultura musulmana desde una perspectiva alejada de los estereotipos con los que nos bombardean los medios de comunicación y mostrándome un lado tan humano con el que me es fácil identificarme.

Hace poco Nasrin dio una entrevista para una revista local (de donde surge el título de esta entrada) en la que habló de su experiencia como migrante musulmana. Durante la entrevista, Nasrin habló de lo que para ella es tener un hogar y su definición es conmovedora. Aquí se las comparto:

El hogar es libertad. Libertad del mundo exterior, libertad de los juicios, libertad para ser quien eres. El hogar está en algún lugar con cálido amor. Es un lugar donde puedes reír y llorar sin miedo. El hogar no es sólo el lugar donde vives, también es la tranquilidad del entorno”

Estas palabras resonaron en mi interior con muchísima fuerza desde el primer momento en que las leí y lo siguen haciendo después de leerlas 50 veces. ¿Por qué? Porque cuando uno se vuelve migrante hay un sentimiento constante de añoranza por el hogar. En mí había una constante lucha interna en la que me debatía pensando si había abandonado mi hogar o si estoy construyendo mi hogar.

Dejé mi pueblo a los 17 años y desde entonces he vivido en 8 lugares distintos. En todos he tenido la fortuna de encontrar algo más allá que un lugar para dormir. Todas casas a las que he llegado me han ofrecido un hogar. En algunos hogares he pasado más tiempo que en otros o vivido momentos particulares de mi vida lo que ha vuelto a cada uno de esos hogares entrañables. Durante todo este tiempo me había estado preguntando qué era lo que volvía entrañable a cada lugar. Hoy, las palabras de Nasrin me dieron la respuesta: en todos ellos encontré la libertad suficiente para dejar que mi corazón latiera a su ritmo y sin control. Gracias queridos hogares.

Para leer el reportaje completo de Nasrin, da click aquí.

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