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Recorriendo el arco íris

Este domingo se celebró la Marcha del Orgullo Gay en Melbourne. Yo nunca había asistido a una marcha gay en mi vida. Cuando salí del closet no iba porque pensaba que las marchas sólo promovían estereotipos hacia la comunidad gay a través del exhibicionismo de la mayoría de los homosexuales que ahí participaban. ¡Qué equivocado estaba! Ese pensamiento sólo era homofobia interiorizada. Afortunadamente, con el tiempo me pude dar cuenta que gracias a los gays “exhibicionistas” la comunidad homosexual hemos conseguido visibilidad, respeto y derechos. A partir de ese entendimiento para mí se volvió muy importante salir a marchar con mi comunidad y por mi comunidad. Sin embargo, por diversas cuestiones nunca había podido ser parte de una marcha hasta el día de hoy que Melbourne celebró su día del orgullo gay.

La Marcha del Orgullo Gay superó todas mis expectativas. El ambiente en la marcha estuvo increíble: se respiraba mucho respeto, aceptación, camaradería y, principalmente, mucho amor. La gente bailaba, se abrazaba y se enviaba muy buena vibra. A mí me llenó de muchísima alegría ver que el evento era muy familiar. Fue increíble ver familias heterosexuales, homoparentales y lesbomaternales, a niños de todas las edades, ancianos, escuelas, a la policía, bomberos, partidos políticos y dependencias gubernamentales siendo parte de este evento. Me hizo recuperar la fe en la humanidad.

Para mí, fue importante marchar porque fue una manera no sólo de celebrar mi identidad sexual sino de aplaudir y defender todas las diferencias porque todos merecemos sentirnos seguros de poder ser quien somos. En este momento, con todo lo que está pasando en el mundo desde que Trump llegó a la presidencia de USA, me parece importante que las minorías nos unamos y le demos voz al amor, al entendimiento y la inclusión porque es la única manera en podremos vencer el odio, el miedo y las separaciones que nos han alejado. Parecería que siendo el 2017, los retos en materia de de derechos humanos deberían ser mínimos pero no es así, aún tenemos muchas batallas que conquistar. Es momento de sacar nuestra fuerza interior y luchar desde cada una de nuestras trincheras. Es momento de transformar nuestras heridas en escudos, nuestras lágrimas en sudor y transformar la incertidumbre en progreso. Es tiempo de cambiar el odio por amor.

🙂

 

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