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Viajando por Nueva Zelanda. Día 2: El amor de las luciérnagas.

El segundo día por Nueva Zelanda (NZ) comenzó muy temprano ya que teníamos muchas cosas planeadas. A las 8:30 de la mañana ya estábamos listos para tomar camino rumbo a nuestra primer parada del día: Las Huka falls o las cascadas Huka. Este sitio se encuentra muy cerca de Taupo, por lo que nos tomó 15 minutos llegar y es, aparentemente, la atracción natural más visitada y fotografiada de NZ. Afortunadamente, por haber llegado al lugar tan temprano, no había mucha gente y pudimos disfrutar de las vistas y el lugar con tranquilidad. Debido a que llevábamos el tiempo contado, no hicimos ninguno de los recorridos del parque y nos dirigimos directamente a la cascada. Las Huka Falls tienen una altura de 11 metros y con el agua que corre por ellas se podría llenar una alberca olímpica cada 11 segundos.  ¡Impresionante!

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Huka Falls

Después de unos momentos contemplando esta maravilla natural, tomamos camino rumbo a nuestra siguiente parada: Hamilton. Esta ciudad es muy famosa en NZ por sus jardines botánicos. Debo confesar que yo no estaba muy emocionado por ir a ver jardines pero Mark tenía muchas ganas por lo que no rezongué ni traté de persuadirlo de hacer algo más, y que bueno que no lo hice porque los jardines fueron una grata sorpresa. Los Jardines Botánicos están ubicados a las afueras de Hamilton, junto al río y son enormes. Están divididos de acuerdo a su diseño y hay jardines inspirados en el renacimiento, India, China, la Edad Media, para cultivar comida, de la cultura Maori, etc, etc. Recorrer estos hermosos jardines me generó mucha paz y me llenó de energía.

Después de un par de horas por los Hamilton Gardens, fuimos a recorrer la ciudad y buscar un lugar para comer. La ciudad es pequeña pero muy linda. Hamilton es un lugar muy fácil de caminar y está llena de restaurantes y cafecitos. Además en esta ciudad nació Richard O’Brien, el creador del musical Rocky Horror Show por lo que en su honor hay una estatua frente a la cual puedes bailar la canción de Time Wrap (que en español Timbiriche tituló el baile del sapo) y los bailes se proyectan en la página del monumento en vivo via livestream.  Hamilton resultó ser una grata parada en nuestro camino.

Después de echarnos un tentempié, tomamos camino hacia nuestro penúltimo destino del día: las cuevas de Waitomo. Este sitio está a una hora de Hamilton y es una maravilla natural en todos los sentidos. Las cuevas de Waitomo son un conjunto de cuevas y ríos subterráneos donde miles de luciérnagas* han hecho su hogar. A lo largo de estas cuevas hay muchas estalactitas y estalagmitas que se han ido formando por el goteo del agua a lo largo de miles de años, y en las paredes de las cuevas se encuentran las moradas de miles de millones de luciérnagas. Estar en las cuevas de Waitomo fue muy mágico porque sentí que estaba en el espacio visitando nuevas galaxias. Recorrer este oscuro laberinto  subterráneo fue de ensueño: nos subimos en un pequeño bote para navegar todos los caminos del río, los cuales están disfrazados de noche estrellada gracias a la luz de las luciérnagas. Por cuestiones de conservación del sitio no se puede tomar fotos en el recorrido, ya que la luz inhibe a las luciérnagas y éstas dejan de producir luz (lo que las pone en peligro) pero si tienen la oportunidad de ir a este lugar, no duden en tomarla. Aquí les dejo una foto oficial de ese lugar para que se den una idea de lo que se vive en las Cuevas de Waitomo (aunque la foto no le hace justicia a la realidad).

Después de visitar este lugar tan surrealista. Mark y yo nos volvimos a subir a Willy (nuestro coche) y comenzamos el camino hasta nuestro destino final del día: Auckland, la ciudad más importante de Nueva Zelanda. El camino duró dos horas y media. Llegamos a las 8:30 de la noche y en Auckland nos esperaban Cam y Michael, unos amigos que conocí hace catorce años y que nos dieron hospedaje durante los días que pasamos ahí. Pero esa historia se las cuento en la siguiente entrada.

Saludos!

*Nota aclaratoria: en esta entrada utilicé la palabra luciérnaga para traducir al español la palabra glowworm. Los glowworms no son insectos voladores como las luciérnagas que conocemos sino insectos de larva que brillan a través de bioluminiscencia. No hay una traducción específica al español y generalmente se usa la palabra luciérnaga por la similitud compartida. Yo decidí utilizar la palabra como un guiño a la obra de teatro de Alejandro Ricaño “El amor de las luciérangas”

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