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Cambiar de sueño o morir.

Estoy a una semana de cumplir dos años viviendo en Australia. El tiempo se me ha pasado volando. Siento que fue ayer cuando me despedí de mi familia en el aeropuerto de la (ahora) CDMX. Tantas cosas han cambiando en este tiempo. El cambio se ha vuelto una constante en mi vida, se ha convertido en mi maestro.

Si hace dos años, cuando me corrieron de la escuela donde estudiaba actuación, me hubieran dicho que 24 meses después estaría en Australia, entregando una investigación para obtener el título de una maestría y sintiéndome pleno, nunca lo habría creído. En ese tiempo sentía que lo único que me faltaba era que un perro me orinara.  Mi panorama se veía oscuro y sin dirección. No tenía ganas de nada. Sentía que me había convertido en un inmenso agujero por donde se me colaban las ganas de vivir, los sueños, las alegrías y las esperanzas.

Hasta que un día me di cuenta que tenía dos opciones: seguir dejando que la vida se me escapara por el hoyo en el que me había convertido, o reconstruirme. Me decidí por lo segundo. El proceso no fue fácil. Lo más difícil fue dar la primer puntada para empezar a enmendar ese inmenso agujero que sentía en mi interior. ¿Cómo volverme a enamorar de la vida cuando me acababan de matar un sueño? Estirándome las heridas, hasta arrancarme la piel y dejando que el dolor me afectara y redireccionara. Así, pasé meses. Reconsturyéndome. Cerrando el vacío que sentía en mi interior. Hasta que un día me di cuenta que ese agujero que sentía se había transformado en unas alas fuertes, seguras y dispuestas a volar. Y esas alas me trajeron a Australia.

Estar en Australia ha sido una experiencia muy enriquecedora. Este país me ha dado la oportunidad de reinventarme y atreverme a volver a soñar. Estar aquí me ha permitido reencontrarme con mi esencia y acercarme a la persona que siempre he querido ser. El proceso no ha sido fácil. Estos dos años he estado lleno de miedos, dudas, desesperación y ansiedad. Pero en lugar de sucumbir ante estos sentimientos, decidí transformarlos en las plumas de las alas con las que ahora vuelo y llegar a cielos más altos.

Esta mañana le entregué a mi asesora la copia física de mi tesis. Justo en el momento en que salí de su oficina me invadió una sensación que sólo había sentido al estar en un escenario. Volví a sentir que mi trabajo me había transformado. Y entonces me di cuenta que el Alonso que hoy camina por las frías calles de Bendigo, no es el mismo Alonso que llegó hace 731 días. No se si sea un mejor Alonso pero sí soy un Alonso diferente: me siento más fuerte, más seguro y más decidido. Ya no siento que soy un agujero negro por el que la vida se escapa; ahora me siento un punto luminoso que irradia vida. Me he dado cuenta que para no perder el amor por la vida muchas veces más que de piel, hay que cambiar de sueños para no morir.

A.

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