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La belleza de no hacer nada

Este viernes, sábado y domingo fueron mi primer fin de semana libre en muchísimo tiempo. Llevaba años sin tener un fin de semana en el que no me preocupara nada y pudiera descansar a mis anchas… ¡Y me encantó!

Debo reconocer que al principio me sentía muy ansioso. No estoy acostumbrado a no tener nada que hacer, y sentía que algo iba mal. Pero logré relajarme y terminé el fin de semana en un estado de éxtasis que pocas veces he experimentado en la vida.

Mi fin de semana empezó el viernes en la tarde. Terminé de dar una clase de español a las 5pm y pasé al súper para comprar la comida para preparar la cena. Camino a mi casa me llamó Mark para invitarme a tomar una cerveza con sus amigos del trabajo. En un principio le dije que sí pero al final cambié de opinión y terminé quedándome en mi casa. Me preparé un guacamole, abrí una bolsa de doritos y me eché en el sofá de la sala toda la tarde y noche a ver series y películas frente a la calefacción (esa noche llegamos a -3* centígrados).

El sábado por la mañana fui a ayudarle a un amigo que se va a vivir a USA a empacar sus cosas. La sala tiene una vista hermosa y tiene una chimenea que en esta época del año deja el ambiente delicioso. Cuando acabamos de empacar, mi amigo tenía que hacer una llamadas y me dejó solo por un rato. Yo me puse cómo en el sillón frente a la chimenea, con una copa de vino blanco y la compañía de García Márquez a través de “100 años de Soledad” (irónicamente). ¡No se imaginan qué rica tarde!

Esa noche cuando regresé a mi casa, Mark tenía ganas de cocinar. Mientras él cocinaba yo estaba haciéndole compañía y plática en la cocina. Platicar con Mark es divertidísimo, sabe de todo, no es pretencioso y tiene muy buen sentido del humor. Cenamos un delicioso pescado con legumbres, cebolla caramelizada y puré de papá; y cerramos el día comiendo helado de crema de cacahuate y pretzels y viendo el final de la quinta temporada de Friends .

¡El domingo no hice NADA! Me levanté a las 9:30 am (que para mí es muy raro, los fines de semana por muy tarde me levanto a las 7:45am), desayuné, me bañé, me volví a poner la pijama y me pasé todo el día en mi cama leyendo y viendo Netflix. RI-QUÍ-SI-MO.

En su libro “Comer, rezar, amar”, Elizabeth Gilbert (2007) menciona que los italianos trabajan buscando un ideal muy especial: Il bel farniente, es decir, la belleza de no hacer nada. Según esta autora, este ideal se alcanza con la realización de un logro importante de nuestro trabajo. Alcanzar ese ideal debería ser la meta de cualquiera de nuestros esfuerzos. Entre más se disfruta y goza el no hacer nada, mayor es el logro que hemos alcanzado. Este fin de semana de no hacer nada me llegó justo el primer fin de semana después de haber entregado mi tesis y terminar completamente la maestría, algo que me tiene muy satisfecho conmigo mismo. Me gusta pensar que haber podido disfrutar de la belleza de no hacer nada durante este hermoso fin fue un regalo de la vida para recompensar mis esfuerzos.

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