actitud, amistad, aprendizaje, Australia, crecimiento personal, Dolor, familia, México, motivación, sensación, sueños, vida

Mi segundo año en Australia o las implicaciones de vivir a la distancia

Hoy se cumplen dos años de mi llegada a Australia. Mis dos años en Australia me han dado uno de los regalos más maravillosos que cualquier persona podría recibir:  la distancia. Se que para muchos esto suena confuso porque la distancia suele verse negativamente ya que implica una separación y eso es difícil. Yo también pensaba así, es más, los primeros meses por aquí nada me pesaba más que la distancia. Pero con los días (mucha paciencia y mis ganas de querer ver siempre lo mejor en todo lo que me sucede) pude darme cuenta de que más que una barrera, la distancia es un tesoro invaluable.

Llegué a Australia sin conocer a nadie, sin saber cómo funcionaba la vida aquí y sin entenderle a la gente (el inglés de aquí es muy particular). Desde ahí tuve que hacerle frente a la vida. Tuve que aprender nuevas reglas de convivencia (adiós a los saludos con beso en el cachete); tuve que hacer nuevos amigos (que ahora se han convertido en mi familia); y tuve que aprender a vivir en inglés (no basta hablar el idioma para sobrevivir, hay que pensarlo, soñarlo, vivirlo). El principio fue agobiante y estresante. Tuve muchos momentos de duda, en los que pensé en volver a casa. Pero 2 años después, me siento más fuerte que nunca y con la seguridad de estar en el lugar correcto.

He estado en Australia 24 meses. En estos meses he tenido que aprender a vivir con la idea de ser el hijo virtual y el amigo ausente. En Australia las navidades llegan a destiempo y por skype. Las bodas de mis amigos tienen lugar en Facebook e Instagram y los abrazos se transforman en likes. Estar en Australia es tener que hacer de tripas corazón cuando alguien que quiero la está pasando mal del otro lado del mundo y  llorar en soledad por no haber tenido la oportunidad de despedirme de los que ya no estarán cuando regrese a “casa”. Pero eso me ha enseñado que no soy el centro del universo y que la vida sigue con o sin mi presencia. Y eso duele, pero también libera.

En Australia he tenido la fortuna de ser yo, gracias a la distancia. Aquí he podido ser, así, sin etiquetas. No siempre ha sido miel sobre hojuelas, lo reconozco; pero la mayoría de los días han sido buenos y cada vez me dan más ganas de quedarme aquí para siempre. La suma de los días buenos y los días malos me ha dado como resultado el poder darme cuenta que la gente que más quiero, sigue aquí conmigo. Porque bien dice mi mamá: “la distancia separa personas pero no corazones”. Y así, 761 días después, en la distancia se ha vuelto el material para fortalecer el amor que siento por mi familia y mis amigos.

La distancia para mí tiene la geografía de Australia. Una geografía que me ha dado la oportunidad de saber de qué estoy hecho, de probarme y de conocer mis verdaderas capacidades. Este país se ha vuelto un parteaguas, hay un Alonso antes y uno después de aquí. Y sin embargo, me sigo sintiendo la misma persona. El valor de la distancia ha transformado Australia en un hogar y  hace que los latidos de mi corazón ahora también vibren por esta maravillosa tierra.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s