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El efecto Harry Potter

Este fin de semana fue muy especial porque lo pasé con mi amigo Dan. A Dan lo conocí hace un par de meses y desde el primer día hicimos química porque tenemos muchas cosas en común. Dan está en Bendigo haciendo su internado en el hospital de la ciudad pero, en teoría, vive en Melbourne. Este fin de semana me invitó a su casa de Melbourne porque su pareja está de vacaciones y yo iba a estar solo el fin de semana, así que el viernes por la tarde pasó por mí y tomamos rumbo hacia la ciudad.

De las cosas que más disfruto de mi amistad con Dan es que, al igual que yo, AMA comer. Por lo que este fin estuvo lleno de mucha comida. Desde que llegamos a Melbourne hasta que me fui, no paramos de comer. Comimos de todo: kebabs, helados, hamburguesas, botana coreana, dumplings, rollitos primavera, etc, etc, etc….

En una de las pláticas que tuvimos este fin de semana, tocamos el tema de vivir lejos de la familia. Entre broma y broma yo le dije que lo padre de todo esto es que yo me había dado cuenta que era igual que Harry Potter: tenía a mis amigos siempre procurándome y protegiéndome. Dan me preguntó quién sería él en mi historia si yo era Harry Potter, a lo que contesté que Hermione, porque es muy inteligente y siempre me está “corrigiendo” cuando hago mal las cosas.

La última vez que leí la saga de Harry Potter fue hace 3 años. En ese entonces sentí que la historia del mago inglés era perfecta para crear una analogía con el momento de vida que estaba enfrentando. Hoy, en el camino de regreso a Bendigo, me puse a pensar que la historia de Harry y sus amigos vuelve a reflejar mi momento de vida. Sin embargo, lo que vivo ahora no se parece en nada a lo que estaba viviendo o sintiendo hace 3 años.

Entonces reflexioné que, a pensar de que mi momento de vida hace tres años era muy diferente a lo que ahora vivo, hay una constante: la magia. Y no hablo de hechizos ni pociones, sino de la magia que se genera cuando me doy la oportunidad de ser honesto con lo que siento. Entonces, invariablemente, atraigo gente mágica a mi vida. Gente dispuesta a enseñarme nuevos “trucos” de vida y a aprender mis “hechizos” para vivir.

Hace tres años, mi amigos mágicos me ayudaron no sólo a luchar contra los dementores de mi vida, sino a volver a confiar en mis poderes. Ahora, mis nuevos amigos mágicos me están enseñando a usar mi magia de otra manera, no para pelear contra mi lado oscuro, sino para sacar lo mejor de mí. Lo más importante de todo esto, y por lo que creo que mi vida es igual a la de Harry Potter, es que me di cuenta que no hay hechizo más poderoso que el hechizo de la amistad.

 

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