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¡Mi primer boda gay!

Quienes me conocen saben que me encantan las bodas. Me fascina ver que dos personas que se aman celebren su amor con música, baile, comida, amigos y familia. En todas las bodas a las que he ido me la he pasado increíble. Me gustan tanto las bodas que llevo planeando la mía desde la primera a la que fui y trato de ir a todas las que me invitan (perdón amigos de México que se han casado en los últimos tres años y les he fallado, la distancia y la economía han sido las culpables).

Llevaba sin ir a una boda desde que llegué a Australia. Eso cambió el sábado pasado cuando no sólo asistí a mi primer boda en Australia, sino que también fui por primera vez a una boda de una pareja del mismo sexo.

Debo decir que las bodas por acá son muy diferentes a las bodas en México con cientos de invitados y doce horas de fiesta; aquí todo es más tranquilo y acogedor pero igual de divertido: son pocos invitados y generalmente suceden en un restaurante. La boda del sábado fue todavía más diferente -a lo que estaba acostumbrado- porque al ser un matrimonio gay, decidieron no seguir con los cánones establecidos en las bodas heterosexuales y ser más fieles a la personalidad de la pareja (si quieren conocer un poco más de esta adorable pareja, aquí les dejo un link con un poco de su historia y cómo se comprometieron).

La ceremonia civil se realizó en la galería de Bendigo, entre obras de arte y fue todo un show que empezó con una amiga de la pareja cantando jazz enfundada en un vestido que incluía lucecitas de navidad. Después de su primera canción, presentó a la jueza que ofició la ceremonia. La jueza llegó con una peluca tipo Maria Antonieta y condujo la ceremonia con mucho humor, haciendo bromas sobre el matrimonio, la pareja y ella misma al más puro estilo de un stand up. Y los votos de la pareja estuvieron en el mismo tono sin por eso dejar de ser emotivos.

Después de la ceremonia nos fuimos a un callejoncito de Bendigo donde está el restaurante favorito de la pareja para echar la fiesta. Los novios y varios de los invitados son amantes del sci-fi por lo que a la entrada del callejón estaba Dalek (de la serie inglesa Dr Who) recibiendo a los invitados. A lo largo de la noche hubo muchos bocadillos para degustar mientras platicábamos y ya más entrada la noche sirvieron paella.

Lo que más me gustó de esta boda fue que fue una celebración muy auténtica. Fue una boda alejada de la parafernalia que normalmente vemos en todas las bodas pero llena de mucho amor. Esto me hizo pensar en la oportunidad que tenemos las parejas del mismo sexo de reinventar este acto social. El matrimonio es una figura legal y debe ser igual para todos, pero la fiesta no y nosotros tenemos la libertad de transformarla en algo único. He estado en muchas bodas en las que siento que todo el numerito fue pensado para complacer “el qué dirán” y no para que los novios los disfrutaran.  Después de asistir a la boda de mis amigos, he pensado que si algún día llego a casarme quiero que mi boda hable de mí y de mi pareja y compartirla con la gente que de verdad es importante para nosotros y que han compartido nuestra historia.

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