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Desempleo: el efectivo método para acabar con el ego.

Estar desempleado es conocer la angustia que provoca el no tener la certeza de saber si alcanzará para la renta. Los últimos nueve meses esa fue mi situación. En agosto del año pasado, por cuestiones de presupuesto, terminó mi contrato en la ONG en la que trabajaba y con el fin de ese ciclo se inició el que hasta ahora ha sido la etapa de más aprendizaje en mi estancia por Australia: el desempleo.

¿Cómo se sobreviven 9 meses sin trabajo en este país? Destruyendo el ego. En este tiempo atestigüé lo soberbio que puedo llegar a ser. Cuando terminó mi contrato lo primero que pensé fue: “No pasa nada: tengo una maestría, tengo experiencia y estoy súper conectado en la ciudad donde vivo… ¡Se van a pelear por contratarme!” JA JA JA JA ¡Qué iluso! Por supuesto que NADIE se peleó por contratarme.

Los primeros meses no fueron tan difíciles porque tenía ahorros, daba suficientes clases de español para sacar la renta y el gobierno de Australia me regresó una lanota que había pagado en impuestos. Administrarme fue fácil (desde niño soy bueno en eso) y además mi Marky Mark me hizo el paro haciendo súper por los dos. Sin embargo, durante meses me causó mucho conflicto saber que Mark se estaba “encargando” de mí. Toda la vida había visto en mí una persona autosuficiente y fue un golpe muy fuerte ver que a mis 31 años necesitaba que alguien se ocupara de mi alimentación.

Pero la lección más importante que me dejó el desempleo fue aprender a pedir ayuda. Para mí pedir ayuda era un signo de debilidad,  lo relacionaba con mostrarme vulnerable y me daba miedo. Pero llegó el momento en que mis ahorros se empezaron a terminar, mis alumnos de español se fueron a vacacionar y mi conciencia me recordó que Mark es mi novio y no mi papá. Entonces tuve que hacer de tripas corazón y pedir ayuda para encontrar trabajo.

Al principio pedir ayuda fue muy difícil, me hacía sentir fracasado y me daba pena. Pero una vez que me tragué el orgullo las cosas empezaron a cambiar: una amiga me contrató para que lijara y barnizara las ventanas de su casa; otra amiga me invitó a lavar platos en su café por un día;  un amigo me pagó por que le cuidara y regara su jardín mientras estaba de vacaciones; una maestra se ofreció para checar mi CV y mis aplicaciones a trabajos. De ahí el gobierno local me contrató para que les echara la mano en un festival, y cuando me di cuenta ya estaba trabajando en una gasolinera los fines de semana (ya les contaré esa aventura en otro post).

Una vez que guardé mi ego todo empezó a fluir y la bolita de nieve se fue haciendo más  y  mas grande hasta que hace dos semanas conseguí una chamba de tiempo completo y relacionada con lo que en los últimos tres años se ha vuelto mi pasión: el desarrollo comunitario.

Con el desempleo aprendí que aceptar la ayuda ajena es una forma de honrar a quienes se preocupan por mí.  En esos meses mucha gente me tendió la mano de manera desinteresada y con la mejor de las intenciones. Las primeras veces me costó muchísimo trabajo aceptar la ayuda ofrecida pero hoy sé que quienes me tienden una mano en los tiempos difíciles son aquellos que en su corazón transparente saben que yo les tendré una mano cuando enfrenten la adversidad.

¡Gracias por tanto apoyo, queridos amigos australianos!

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