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Bitácora del viajero: Nara y Ōsaka

La mañana de nuestro tercer día en Japón tomamos el tren rumbo a Nara, uno de los destinos más pintorescos del país.

Nara es una ciudad pequeña lo que nos hizo posible visitar sus principales atracciones en poco tiempo.

Nuestra primera parada fue el parque de los venados. Este lugar es muy famoso porque está repleto de estos animales. A lo largo del parque hay vendedores de galletas para que puedas alimentar a los venados. Yo compré un paquete de galletas y todavía no lo terminaba de abrir cuando ya tenía a 3 venados rodeándome y acosándome. La neta es muy divertido ver cómo los venados te persiguen y te tratan de quitar las galletas, aunque por moments se ponen un poco locos y sí dan miedo.

En el mismo parque está el santuario de Tōdai-ji, con su famoso Daibutsu (gran Buda). Al entrar al templo, nos recibió cantando un coro de niños japoneses. Fue un momento muy sublime porque aunque no entendí la letra de la canción, sus voces eran hermosas.

Dentro del templo está la estatua de 15m de Daibutsu, que fue creada en el siglo 8. En el templo también están las esculturas de dls guardianes y una columna de madera con un agujero en la base. Se dice que quienes pueden cruzar ese agujero, del tamaño de las fosas nasales del Buda, serán iluminados. Yo por supuesto ni intenté cruzar porque me dio miedo quedarme atorado.

De ahí nos fuimos a Nigatsu-dō y Sangatsu-dō que son dos subtemplos de Daibutsu. Valen mucho la pena y no están tan atascados como el principal.

La última parada en Nara fue el templo de Kōfuku-ji, que es patrimonio de la humanidad.

Cuando terminamos de recorrer Nara era muy temprano (las ventajas de madrugar), por lo que decidimos ir a Ōsaka, que no estaba en nuestros planes.

Gracias a que tenemos JR railpass, tomamos el tren y en 1hr ya estábamos en Ōsaka.

Ōsaka es lo que yo me imaginaba de las grandes ciudades de Japón: pantallas gigantes, luces, mucha gente…

En Ōsaka recorrimos el centro y dimos un paseo en lancha a lo largo del río. Lo chingón de Ōsaka es la comida. Se come delicioso y afuera de los restaurantes y puestos de comida hay figuras del animal/platillo especialidad de la casa. Nosotros ‘garnacheamos’ y probamos varias cosas de diferentes puestos: takoyaki, unas bolas de pulpo deliciosas (mis favoritas); gyoza, unas empanadas de vegetales riquísimas; y una banderilla de queso derretido con papas. Nada más de acordarme se me hace agua la boca.

Después de nuestra rica cena y el paseo por el río, tomamos el tren a Kyoto y en 45 minutos ya estábamos en el hotel. Y aunque siento que si no hubiera visitado Ōsaka no me sentiría mal, me gustó que el haber madrugado nos diera chance de poder visitar esta ciudad. Para mí eso es lo bueno de viajar sin ataduras y con alguien como Mark que tiene la mejor disposición para todo.

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