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Bitácora del viajero: Hiroshima

Cuando uno piensa en Hiroshima, irremediablemente viene a la mente la bomba atómica. Y sí, la ciudad está cargada de la vibra que conlleva haber sido la primera ciudad en la historia en haber sido atacada con esta letal arma.

Caminar a lo largo del Peace Memorial Park, un espacio cerca del río, lleno de árboles y con diferentes momentos en conmemoración a las víctimas de la bomba atómica genera una sensación de melancolía muy profunda.

El Domo de la Bomba Atómica es un edificio en ruinas que sobrevivió al ataque. A mí me pareció un símbolo muy poderoso de lo que es la ciudad: habrán podido destruir su fachada pero su estructura permanece intacta.

A lo largo del parque hay más monumentos: a los estudiantes que murieron en la guerra, a los niños, el fuego de la paz y se termina con el Memorial Museum dedicado a la ciudad y las víctimas de esta tragedia.

El museo es desgarrador. A través de una colección de objetos recuperados después de la caída de l bomba, le da nombre y rostro a quienes murieron por la bomba, pero también a quienes sufrieron las consecuencias de ésta. La exposición me confrontó con lo más vil de la condición humana pero también me dejó ver la enorme resiliencia que tiene el ser humano.

Nuestro segundo día en Hiroshima visitamos la pequeña isla de Miyajima, uno de los lugares más representativos de Japón y de lo que más me ha gustado de este viaje. La islita te recibe con un Torii de 16 metros flotando a la mitad de la bahía. El Torii es patrimonio cultural de la humanidad. En este lugar ha habido un torii desde el año 1168 y el que está actualmente es de finales de los 1800s.

Nosotros estuvimos un rato en el santuario para ver cómo subía la marea e inundaba el santuario y la perspectiva del torii. La marea no subió tanto pero igual vimos un poco cómo se llenaron de agua algunos espacios.

Recorrimos la isla hasta llegar al teleférico y lo abordamos para llegar a la cima de la montaña y tener una vista panorámica del lugar.

Visitar Hiroshima le abonó a mi fe en la humanidad. Este lugar es un ave fénix, pues literalmente resurgió de entre las cenizas. Lo bello de esta ciudad es que no tiene rastros de resentimientos, la gente es amable, generosa y siempre con una sonrisa en la cara. Eso es sólo la prueba de que han perdonado a quienes los ‘destruyeron’.

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