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Bitácora del viajero: las islas hipsters de Japón

En Japón hay unas islas que son toda una historia de éxito, porque fueron intervenidas con diferentes obras de arte para revivirlas y evitar que se volvieran pueblos fantasma. Gracias a eso se han vuelto un referente mundial para los amantes del arte contemporáneo (e Instagram). A este conjunto de islas se le conoce como las islas Setouchi, y se conforma por muchísimas islas de diferentes tamaños siendo las más importantes: Naoshima, Shodoshima y Teshima.

Cada tres años tiene lugar la Trienal de Setouchi, que renueva algunas de las obras de arte de las islas. Mark y yo tuvimos mucha suerte porque nuestro viaje a Japón coincidió con la inauguración de este evento. Como las islas Setouchi son muchas, nosotros decidimos visitar Naoshima, Sodoshima y Takamatsu, que fue el puerto donde nos hospedamos pues tiene acceso en ferry a la mayoría de las islas y además nos conectaba fácilmente con Tokio (nuestro siguiente destino).

En nuestro primer día recorrimos Sodoshima, que es la isla más grande. Ahí visitamos una antigua fábrica de tabaco que ahora está cubierta por un material blanco y parece un laberinto; un ex-centro deportivo ahora convertido en un hermoso jardín de flores; una bodega cuyo techo fue intervenido con la raíz de un árbol que llevaba años creciendo; una instalación hecha de bambú llamada ‘Beyond the border – wave’ y, nuestra favorita, la instalación ‘Love in Shodoshima’ una inmensa construcción de bambú dividida en tres espacios para representar el amor que el artista (Wang Wen Chi) tiene por este lugar.

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Al día siguiente fuimos a la isla más famosa de todas: Naoshima. Tomamos el primer ferry del día pensando que así no nos encontraríamos con tanta gente, pero la isla es tan popular que el ferry, que partía a las 7am en domingo, estaba atascadísimo.

Naoshima es muy famosa por las calabazas de Yayoi Kusama que son muy particulares y atraen a miles de personas a la isla. Pero el encanto de esta islita va más allá de estas hermosas calabacitas. Naoshima tiene tres museos muy importantes de la Benesse Corportation y muchas otras obras de arte a lo largo de su extensión geográfica.

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Nuestra primera parada fue la famosa calabaza amarilla de Yayoi Kusama. Tuvimos suerte de llegar muy temprano y poder pasar un rato solos con la calabaza, lo que nos dio chance de tomar mil fotos sin sentirnos presionados. De ahí nos fuimos al Chichu Art Museum, que está en el interior de una montaña y las obras de arte están iluminadas con luz natural. Visitar este museo es algo fuera de serie. Sólo tiene 4 obras de arte pero con todas son interactivas, lo que hace la experiencia más interesante.

De ahí nos fuimos al centro de la isla y a visitar un proyecto llamado ‘Art house project’ en el que varios artistas intervinieron varias casas, templos y santuarios de Naoshima para volverlos espacios de arte. A mí especialmente me gustó una casa que fue intervenida por el artista Shinro Othake, porque por fuera parece una casa abandonada pero dentro cada cuarto es un universo, incluso un cuarto tiene una réplica de la estatua de la libertad.

 

Nuestro día finalizó tomando un baño estilo japonés con un ¡elefante!… de peluche (jaja). Nunca me imaginé que algún día estaría encuerado, tomando un baño en compañía de un elefante de peluche proveniente de un museo sexual. Por todo esto, Naoshima se convirtió en mi lugar favorito de Japón.

Nuestro último día en estos lugares surrealistas lo dedicamos a conocer Takamatsu. Técnicamente este lugar no es una isla porque está ubicado en la gran isla que es Japón, pero al ser un puerto tan conectado con las islas también ha sido intervenido artísticamente. Takamatsu fue nuestra base en estos días y en nuestros recorridos del hotel al puerto y viceversa nos topamos con muchas esculturas e intervenciones, por lo que nos concentramos en ver dos cosas: ‘Suitcase in a bottle’, una obra que busca retratar los sentimientos de todas las personas que viajan constantemente; y ‘Beyond the borders – the ocean’, una instalación de 9 metros de diámetro que representa el comercio marítimo entre Taiwan y Japón a lo largo de la historia.

Estas islas son el claro ejemplo de que el arte transforma todo aquello que toca. Parte del furor que estas islas están causando es debido a lo ‘instagrameables’ que son (yo me enteré de ellas por esta red social). Pero particularmente, me maravilló ver cómo el arte le ha dado nuevos brios a estos lugares que estaban al borde de la desolación, y cómo al mismo tiempo toca y transforma a quienes las visitamos más allá de las fotos pa´l instagram. Yo dejé estas islas sintiéndome más vivo, con ganas de usar más mis sentidos para experimentar mis contextos y recordando que a veces basta una nueva mirada a las cosas para transformarlas.

PD. Si estás planeando ir a Japón y quieres visitar estas islas, te aconsejo que compres el pasaporte a la triennale para que no tengas que pagar en cada parada (aunque hay lugares que incluso con el pasaporte tienes que pagar como los museos o el baño japonés).

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