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̶S̶o̶b̶r̶e̶viviendo la cuarentena

Está por terminar mi cuarta semana en confinamiento y creo que no sólo ya me he acostumbrado a este nuevo estilo de vida, sino que siento que ya hasta lo estoy disfrutando.

Al inicio del encierro la pasé fatal: estaba lleno de ansiedad, con miedo de lo que pudiera pasar y un cansancio impresionante por no hacer nada. Pero bien dicen en mi pueblo que no hay mal que dure 100 años y cada día que pasa me siento más tranquilo con el escenario actual.

Lo que me ayudó mucho a adaptarme a la situación de encierro fue intentar buscarle el lado positivo a todo esto. Aclaro que “buscar el lado positivo” no es algo fácil para todos porque no quiero normalizar la idea de que la felicidad es una decisión y, mucho menos, minimizar los sentimientos de quienes están viviendo la pandemia desde otras circunstancias. Para mí la felicidad está estrechamente relacionada con nuestras circunstancias socioculturales, psicológicas y económicas y, por lo mismo, para mí no requirió mucho esfuerzo retomar el optimismo: es algo innato en mi carácter y mis circunstancias de vida son bastante privilegiadas (mi trabajo está seguro, estoy saludable y la gente que amo se encuentra en circunstancias similares).

De todo esto, lo mejor y más irónico es que me ha permitido estar más en contacto con mi familia y amigos y -principalmente- conmigo. El encierro me hecho entrar en contacto con partes de mí que no pensé que tenía; me ha regalado tiempo y tranquilidad para la lectura; revivió mis ganas por hacer ejercicio; me ha hecho redescubrir el arte de cocinar; he podido disfrutar mucho más y mejor a Mark y Chulo; me ha dado las condiciones para hacer mi trabajo a mi ritmo y, sobre todo, me ha dado la oportunidad de coincidir en tiempo real con mis  amigos y familia.

Y sí, todavía sigo teniendo malos ratos y no pasa nada. Es normal, el mundo está pasando por una situación crítica. Además esos momentos me están enseñando a ser más compasivo, amable y amoroso conmigo mismo, y a tener empatía con quienes no están llevando bien esta situación.  Porque como dicen en mi obra de teatro favorita: “vendrán los días buenos, como las luciérnagas, intermitentemente. Y eso bastará. Eso bastará”.*

* Ricaño, A. (2012), El amor de las luciérnagas

 

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